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Archivos diarios: mayo 7, 2009

Esa afirmación podría ser aceptable en una empresa de desarrollo de software donde sobrasen los analistas funcionales y faltasen arquitectos, programadores, etc…

Si no es así, es que se tiene una concepción muy poco realista de lo que es el proceso de desarrollo de software.

Todos sabemos y no hay que ser ningún lumbreras, que el coste de la modificación de los requisitos del sistema de información crece exponencialmente conforme avanza el proceso de desarrollo de software, de manera que en las etapas iniciales el coste podría ser asumible, algo que no lo es en etapas posteriores y crítico cuando el producto está prácticamente acabado.

Pueder tener un framework de desarrollo impresionante y unos programadores que den un acabado excepcional al sistema en usabilidad, rendimiento, seguridad, etc…, pero si te han pedido que hagas una cafetera y entregas una cortadora de cesped, no habrá servido para nada.

Es cierto que la calidad del análisis funcional no depende solo del analista, ya que al fin y al cabo son los usuarios los que tienen que expresar que quieren, pero sí puede depender del analista marcar la diferencia, es decir, el intentar conseguir que el análisis funcional recoja con el mayor grado de detalle posible una aproximación lo más certera posible a las necesidades del usuario. Esto requiere una serie de habilidades que trascienden la vertiente técnica.

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