Creo que queda bastante claro a los lectores habituales de este blog mi creencia absoluta (que no ciega) en los principios ágiles. En este artículo voy a tratar de mostrar como los procesos, aún encontrándose en un peldaño por debajo de las personas, son fundamentales para coordinar, orquestar y armonizar el trabajo de las mismas.
Meter a personas en un proyecto es sencillo si se dispone del presupuesto adecuado y de la posibilidad de personal en la organización para ser asociado al proyecto o en caso contrario de contratar o subcontratar lo que haga falta. Ahora bien, gestionar diferentes líneas de trabajo en un proyecto, cada una de ella con sus técnicos correspondientes, en la que es posible que no compartan localización, donde cada cual solo ve la parcela de su desarrollo, no se soluciona a base de músculo, salvo que el gestor del proyecto se deje el alma en ello y exista una proactividad por parte de los jefes de equipo o analistas en que exista una coordinación y no una carrera por terminar las tareas que tienen encomendadas y quitarse el problema de encima.
En estas situaciones los procesos importan (si se ejecutan de manera adecuada, ya que un proceso es solo un conjunto de párrafos en un papel) ya que establecen el marco de trabajo y las interfaces, permitiendo por un lado que los trabajos estén integrados, que no se pisen tareas, se compartas conocimiento y se establezcan sinergias.