Las buenas prácticas recogen actividades de gestión general, de gestión de proyectos, de diseño, de gestión de la configuración, de programación, etc… que son el resultado de experiencias recogidas a lo largo de años en proyectos de desarrollo de software.
Estas buenas prácticas, son instrumentos, los puedes utilizar o no, evaluando su aplicación y utilidad en el proyecto en el que estás trabajando o en el proceso que quieres implantar.
Como he comentado, son el resultado de experiencias aplicadas en proyectos reales, por eso resulta más interesante que utilices aquellas que sean adecuadas, en lugar de intentar redefinirlas u obviarlas.
Pero también existen un conjunto de actividades que también resultan de utilidad reconocer y son precisamente aquellas que no se recomienda realizar porque la práctica indica que no ayudan a conseguir buenos resultados. Esto es lo que se conoce con el nombre de antipatrones.
Por tanto, el conocimiento de las buenas prácticas debe complementarse con el de las malas prácticas. No aprovechar las experiencias de otros, cuando éstas puedan ser convenientes aplicarlas, es condenarnos a volver a repetir los mismos errores que tuvieron ellos y no salir de la espiral de la crisis del software.