Un gestor requiere ser ordenado, responsable, coordinar de manera adecuada los proyectos en los que participa y realizar una gran cantidad de tareas relacionadas con los procesos propio de su organización y de la del cliente.
Además, si es un buen gestor, dará la cara por su equipo ante el cliente y ante su propia empresa si es preciso. Esto en ocasiones genera mucho desgaste porque se tiene casi siempre la sensación de que se está en medio de todo y que no terminas de dejar contento a nadie: ni a tu equipo, ni a tu empresa, ni al cliente. Pero son sensaciones, si haces bien tu trabajo, tal vez no te consideren un visionario, el niño más inteligente de la clase, pero sí conseguirás un respeto que muchos líderes no son capaces de conseguir.
Por tanto, tan importante es tener buenos líderes en una organización como tener buenos gestores.
De igual manera que existen líderes que consideran un estorbo o una distracción las tareas de gestión ordinaria (y necesaria), hay gestores que no se sienten cómodos por dar ese salto al vacío que dan muchos líderes, por esa orientación a la consecución de ciertos objetivos, en muchos casos, sin reparar en lo que se deja por detrás.