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Mirar hacia adelante
Estamos a final de año el volumen de trabajo se ha reducido, los clientes llaman menos, apenas hay reuniones y en la calle ya todo huele y suena a Navidad.
Ahora, que no se va tan deprisa, que el día a día no oscurece la visión y ata las manos, es el momento de hacer balance.
Estos meses han sido duros, la crisis ha castigado a muchos sectores y el del desarrollo de software no ha sido una excepción. Se habrá producido mucho desgaste, se habrán tenido que tomar decisiones difíciles y aplicar políticas de supervivencia para que el barco continúe a flote y permita que sus navegantes tengan la oportunidad de seguir luchando por su negocio.
Habrá empresas que no hayan podido evacuar todas las vías de agua que se han abierto, otras que han redoblado sus esfuerzos para achicar agua y otras, muy pocas, habrán conseguido mantener un rumbo más o menos fijo, con alguna que otra tormenta de por medio.
Por tanto, dada la situación económica general, la del sector en particular y lo difíciles que han sido estos meses, hace que sea más necesario que nunca hacer balance.
Hacer balance permitirá hacer inventario de todo lo que ha ocurrido en este último año, poner encima de la mesa errores y aciertos y determinar en qué estado se encuentra la organización. Todo esto supondrá un nuevo punto de partida siendo el combustible la experiencia adquirida. No obstante, de nada sirve tener un origen sin saber a dónde se pretende llegar lo que hace necesario definir unas metas, unos objetivos, no necesariamente ambiciosos para que por lo menos haya una serie de señales que indiquen el camino y permitan al final del ejercicio siguiente saber lo cerca o lo lejos que se ha estado de alcanzar el lugar al que se pretendía llegar.
Una vez analizado el pasado y dibujado el futuro, sólo queda mirar hacia adelante y disfrutar del paisaje.
Algunas reflexiones sobre la crisis y su impacto en las empresas de desarrollo de software
El escenario actual del negocio del desarrollo de software no es nada alentador:
1) Se ha reducido el número de contrataciones.
2) Las contrataciones (por regla general) van más ajustadas presupuestariamente.
3) Para ganar dichas contrataciones hay que hacer rebajas (importantes en algunos casos) sobre presupuestos de contratación ya de por sí no proporcionados con los trabajos a realizar.
4) En los años de bonanza económica, el número de empresas de desarrollo de software ha crecido y no solo eso, la mayoría de ellas han aumentado en estructura (es decir hay más empresas y encima más grandes). Contra todas ellas hay que pelear para conseguir negocio.
También es cierto que cuando se inicie la recuperación económica, las variables 1) y 2) llevarán también una tendencia ascendente y se pasará de una situación crítica como la actual a una situación con mejores espectativas.
Pero mientras eso sucede hay que sobrevivir (estoy seguro que incluso en situaciones de crisis como la actual hay empresas que siguen creciendo, aunque en la mayoría de los casos, la pendiente será mucho menos pronunciada) y adaptarse a las circunstancias.
¿Están todas las empresas igual de preparadas para sobrevivir a la crisis? Evidentemente no. Algunas variables que considero favorables para que una empresa sea menos vulnerable, son las siguientes:
1) Fidelización de clientes.
2) Alianzas fuertes con otras empresas del sector.
3) Compromiso de los gestores (en estas circunstancias los trabajadores deben sentirse apoyados por los niveles más altos de la organización y sentir y apreciar que están tomando medidas para reducir el impacto provocado por la reducción del volumen de negocio, como por ejemplo, congelación de sus sueldos y de sus gastos de gestión (no deben ser sólo los trabajadores de base lo que carguen con eso), realización de actividades comerciales, búsqueda de alianzas, preocupación por la situación de los empleados (en algunos casos habrá que prescindir de personal, en otros el número de horas semanales no oficiales se incrementará, etc…).
4) Control de costes y de la productividad. Hay que saber objetivamente dónde se producen los gastos de la empresa (hay que controlar gastos relacionados directa e indirectamente con la producción, así como el conjunto de costes de estructura), qué proyectos son rentables y cuáles un sumidero de dinero, es necesario conocer qué personal es productivo y cuál no (por un lado hay que recompensar (ascensos, incrementos salariales por encima de la media) al personal comprometido y productivo y también si no hubiera más remedio y hubiera que reducir plantilla, ésta debería empezar por los puestos menos necesarios y por el personal menos comprometido y productivo).
5) Compromiso de los trabajadores.
6) Costes de producción por debajo de la media del sector (buena metodología interna de desarrollo, buen framework, buen conjunto de componentes y soluciones reutilizables, buen conocimiento del negocio de los distintos clientes, buena gestión interna y con los clientes de los proyectos, buen nivel técnico de los programadores y analistas programadores, buen nivel de los analistas funcionales, capacidad de reducir costes desviando trabajo a centros nearshore u offshore propios o subcontratados (cuidando que la merma de la calidad de los productos no superen el máximo umbral admisible tanto por la empresa como por los clientes), etc…
La crisis no será eterna y las cosas poco a poco volverán a su cauce, pero es necesario entender que no se puede vivir y gestionar una empresa igual en un período de crisis que en un período de bonanza económica.
Nearshore y Offshore
He tenido la oportunidad de leer mucho últimamente sobre las factorías de software. Mi opinión sobre la producción industrializada de software, la podéis consultar en este mismo blog en una serie de artículos que dediqué al tema.
Como comentaba en dichos artículos, para mi la producción industrializada de software no existe, simplemente lo que se ha hecho es aplicar una serie de buenas prácticas (en algunos centros) y aplicar una serie de fórmulas para reducir en la medida de lo posible los costes de desarrollo (casi todas ellas basadas en la búsqueda de soluciones que impliquen un menor coste por mano de obra y el apoyo de las instituciones).
Los lectores de mi blog, también saben de mi opinión sobre el mercado TIC y en los últimos tiempos, también he tenido la oportunidad de comprobar que no me equivocaba. En esta época de crisis, las empresas de desarrollo de software van a por todas, utilizando unas políticas muy agresivas de precios.
Si las cosas no cambian o se está muy bien posicionado en el negocio o esto será la ley de la selva, donde sólo los más fuertes sobrevivirán (y aquellos aliados de los más fuertes). No todas las empresas pueden asumir esa guerra de precios sin una pérdida considerable de la calidad de los servicios que se ofrecen. Por este motivo yo que siempre he tenido un gran recelo de las factorías de software, veo que en las circunstancias actuales las empresas que tienen este tipo de recursos están bien posicionadas (siempre y cuando las factorías estén bien gestionadas) para poder competir.
Cuando se habla de factorías de software, se utilizan a menudos los términos Nearshore y Offshore. El primer caso se corresponde a aquellas factorías que se encuentran próximas geográficamente (o que tienen algún rasgo común, como por ejemplo, una franja horaria próxima, el idioma, etc…) a las organizaciones para la cual prestan sus servicios (en algunos casos proyectos concretos, en otros casos outsourcing), el segundo caso se corresponde a factorías más alejadas geográficamente y que en la mayoría de los casos no presenta rasgos comunes con las organizaciones a la que prestan servicio. Como habréis podido ver, existirán casos donde las factorías se puedan considerar Nearshore u Offshore en función de la persona que la defina.
Por regla general, se suele relacionar el Nearshore con soluciones de mayor calidad (y con un mayor coste de producción) y el Offshore con soluciones de menor calidad (y con un menor coste de producción). También hay que tener en cuenta que el Offshore en muchos casos es bastante complicado. Supongamos que situamos una factoría de software en Laos y que a ella desviamos carga de trabajo de programación. Si el análisis funcional está hecho en español, existirán serias dificultades para su interpretación por parte de los programadores del centro.
También hay quien utiliza el término de Inshore, para referirse a factorías de software situadas muy próximas geográficamente (100 kilómetros como mucho) de las organizaciones a las que prestan servicio.
En cualquier caso: Inshore, Nearshore y Offshore, lo importante es que el centro esté bien gestionado, que se utilice un framework de desarrollo común (y que pueda ser lo suficientemente flexible para poder adaptarse en situaciones concretas a especificaciones técnicas de clientes concretos) y que el personal que trabaja en los mismos esté lo más formado posible (y existan unos procesos de formación continua). De esta manera más o menos la calidad de los productos no debería ser tan significativa, ni ser tan distintas (aunque la barrera del idioma, en muchos casos, puede afectar notablemente el resultado del producto). Si la gestión es buena, el framework es común y flexible y se poseen buenos técnicos, los costes de producción se reducirán, dejando prácticamente como aspecto diferencial el nivel adquisitivo de los países donde se encuentre la factoría de software, lo que permitiría pagar sueldos más bajos y por tanto permitir ofertar en los proyectos un mayor número de horas a un menor coste.
Aunque la solución que más me guste sea la Inshore o en su defecto la Nearshore, más que nada porque no me gusta por qué se realiza la deslocalización, ni que se aproveche el nivel de vida de un país para ofrecer salarios varias veces más reducidos que los de nuestro país, no tengo más remedio que reconocer que quien posea la infraestructura y la organización para ofrecer productos con un nivel de calidad aceptable y a unos precios rompedores, tienen todas la de ganar en un mercado tan competitivo como es el del desarrollo de software.
Pero, ¿y si suena la flauta?
En esta situación de crisis económica, me estoy encontrando cada vez más frecuentemente con empresas de desarrollo de software que van a por todas, presentando ofertas prácticamente para todos los concursos que salen, incluso en áreas de negocio que todavía no tienen controladas, haciendo proposiciones económicas en muchos casos rondando lo temerario, no ya tanto para el posible cliente sino para que la empresa pueda obtener un beneficio del proyecto.
Se suma la crisis económica con la gran competencia que existe en el sector, ahora que la tarta es más pequeña, lo mejor es asegurarse cuanto antes los trozos necesarios que permitan la subsistencia de la empresa, porque a día de hoy más que en crecer, lo que hay que pensar es en sobrevivir, a la espera de mejores tiempos.
Evidentemente, presentarse a todo, requiere un importante y agotador esfuerzo comercial y técnico, ya que es necesario realizar las correspondientes ofertas, pero esto es inevitable, ya que los contratos en estos tiempos no llaman a la puerta, sino que hay que ir a buscarlos. Pero, ¿hay que presentarse a todo?, dado que el esfuerzo que se puede invertir es limitado, hay que priorizar, pero necesariamente bajando el listón, es decir, desde mi punto de vista no sólo habría que atacar a proyectos muy del perfil tecnológico de la empresa, sino que habría que abrir el abanico a otros proyectos que puedan ser ejecutados por los perfiles de la organización aunque supongan un mayor esfuerzo.
Crisis, reducción de la inversión en TICs, ¿vencen los David a los Goliath?
En la coyuntura económica actual, la inversión en TICs, al menos en el ámbito de negocio en el que me muevo y conozco se ha reducido considerablemente, sobre todo en aquellos departamentos y organizaciones que todavía no han entendido lo que las TICs pueden aportarles y prefieren, por tanto, realizar inversiones en resultados finales que en la mejora de la eficiencia de sus procesos y la informatización de los mismos.
Por tanto, nos encontramos en un escenario, donde por un lado hay departamentos u organizaciones que no invierten en TIC (más allá del mantenimiento de la infraestructura software y hardware existente) y otras que continuando con la inversión, están más limitadas por los recortes económicos e invierten menos.
A todo esto hay que sumar la gran competencia que hay en el sector.
Ante esta situación, las empresas que ofrecen servicios TIC, pueden adoptar diversas soluciones, que serán distintas en función de la filosofía de funcionamiento y de recursos humanos de la empresa, pero que pasarán por un ajuste de los gastos en recursos humanos, a la facturación presente y prevista y por la reducción en los costes de producción.
Las empresas grandes suelen tener costes de infraestructura grandes ya que estan muy departamentarizadas, el personal de arriba de la pirámide suele estar muy bien pagado, las oficinas suelen estar en zonas privilegiadas y por tanto de alto coste, etc… Ante esta situación empresas más pequeñas y flexibles pueden encontrar una ventaja importante en el mercado, ya que tienen mucho más sencillo reducir costes al tener mayor margen de maniobra, esto a su vez permitirá hacer ofertas muy competitivas que, en muchos casos, serán difícilmente igualables por empresas más grandes.
Poco para muchos
De un tiempo a esta parte vengo observando bastante poco movimiento en los perfiles del contratante de diversas administraciones públicas. ¿Siguen saliendo cosas? Sí, pero la sensación que a mi me da es que son menos que en otros años y es que las administraciones públicas no podían ser ajenas a la crisis.
Lo más significativo de todo no es que salga poco ahora, sino el temor de que el final de año (último cuatrimestre para se exacto) que es cuando más movido está el mercado TIC en las administraciones, el volumen de contratación sea mucho menor que en años precedentes, lo que haría que muchas empresas no salvasen el año y tuvieran serios problemas para el siguiente.
Es por eso que cada contrato que sale es codiciado por muchos, porque prefieren intentar ganar todo lo posible cuanto antes, no vaya a ser que después, las vacas se hagan todavíá más flacas.
Los concursos son procesos competitivos, por lo que ya veremos (tal vez con el paso de un par de años) qué empresas han resultado las más competitivas, innovadoras y atrevidas y cuáles no han sabido adaptarse a este entorno donde hay poco para muchos.
Menos inversión en TICs
Cuando las barbas del vecino veas cortar pon las tuyas a remojar.
Mi organización es inversora en TICs y este año estoy empezando a notar que la inversión va a ser bastante más pequeña que en años anteriores.
En mi organización las TICs son un medio y no el fin, por lo que se va a dedicar más presupuesto probablemente a tareas finales como obras e infraestructuras.
Cuando el presupuesto se reduce, se prioriza lo absolutamente necesario y se deja a un lado lo accesorio o lo que se cree accesorio y las TICs en esto se resienten. Yo nunca estaré de acuerdo en políticas que supongan una reducción del gasto en TICs, ya que en ellas está el progreso y la mejora de los procesos y servicios, pero claro, solo es mi opinión.
Era evidente que las TICs no podían ser ajenas a la cuyuntara económica, aunque resistieran mejor la primera oleada de crisis. Menos presupuesto = menos inversión TIC. Ante esto, las empresas, por ejemplo de desarrollo de software deben mirar más por los gastos, reducir en lo posible los costes de producción e intentar sondear nuevos y diferentes mercados.
Queda mucho por hacer en todas las organizaciones en materia de las TICs, por lo que una vez superada esta fase de crisis económica, el mercado de la informática volverá otra vez al nivel de crecimiento que tenía en las últimas décadas, hay que ser optimista y estar espabilado en estos momentos de marejada.