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Archivos Mensuales: mayo 2009

Todos hemos sufrido en nuestras carnes los nefastos servicios de atención a usuarios que tienen nuestras queridas operadores telefónicas e incluso nuestras queridas entidades bancarias. Independientemente de que al otro lado del teléfono haya personas más o menos agradebles, con más o menos paciencia, la culpa de ese nefasto servicio no es de ellos, sino de los que han establecido esa política, mirando más por un ahorro de costes que por dar un servicio de calidad a los clientes.

Se ha hecho tan habitual esta prestación de servicios que han conseguido que lo veamos como algo habitual y ya casi ni nos quejemos, o bien que solo nos quejemos en los siguientes cinco minutos al momento de colgar el teléfono en el que nos acordamos del operador/a que nos ha atendido (aunque no tenga ninguna culpa) y de la entidad de telecomunicaciones, financiera, etc… con la que nos hemos puesto en contacto.

Sin embargo, cuando se modifica el entorno y nos situamos dentro del ámbito laboral, esa “comprensión” que se tiene ante el servicio de atención a usuarios que nos ofrecen determinados operadores, se convierte en incomprensión e intolerancia en demasiadas ocasiones. Parece como si una organización y un departamento con muchos menos recursos que una gran empresa debiera por arte de magia dar un servicio prácticamente inmediato y con la varita mágica de resolver todos los problemas.

Resulta totalmente chocante, como dando un servicio infinitamente mejor al que te ofrecen las empresas que te proveen servicios en tu vida personal, se crea más ruido cuando hay algún problema en el ámbito laboral.

Independientemente de lo injusto que me parezca la actitud de muchos usuarios, es esencial darles la mejor atención, que los recursos de la organización pueda ofrecerles, ya que son el motor que utilizan los sistemas de información y son los que les dotan de información alfanumérica, cartográfica y documental, la cual debe ser de la mayor calidad posible. Igual que digo siempre que los sistemas de información deben hacerse pensando en el usuario, digo siempre que el trabajo de la organización no debe terminar en ponerles delante una aplicación donde ellos puedan grabar o consultar información, sino que hay que darles un respaldo y un soporte con la mayor calidad que sea posible.

Otra de las máximas del fútbol es que quien perdona acaba perdiendo el partido.

En el mundo de las empresas de desarrollo de software pasa algo parecido, es decir, si tienes una killer-app y sin embargo no la sabes explotar en el momento preciso, lo más probable es que tarde o temprano salga un competidor con una solución, que incluso puede ser inferior a la tuya, pero que explotada comercialmente de forma correcta ha dejado a la tuya sin posibilidad de negocio.

Otra máxima es que si se juega bien al fútbol lo normal es que ganes y que si juegas mal al fútbol lo normal es que pierdas. Yo creo que en esto estamos todos de acuerdo, independientemente de que Capello o Rafa Benítez ganen ligas.

Si tu empresa hace proyectos de calidad, lo normal es que se imponga a empresas que no consigan ese nivel de desarrollo.

Una frase muy repetida por futbolistas y entrenadores es que hay que ir partido a partido o que el partido dura noventa minutos.

En el proceso de desarrollo de software sucede algo parecido, es decir, no podemos pensar desde el minuto uno en la entrega del producto, ya que el proceso de desarrollo es algo elaborado, metodológico y que debe pasar por tanto por una serie de etapas. La precipitación no es buena, por eso hay que ir partido a partido.

Cuando se produce una sorpresa en un partido de fútbol, cuando una gran figura hace un partido mediocre, cuando de pronto un equipo que va noveno se pone segundo, cuando un equipo que va segundo se pone noveno, siempre se recurren a las frases: Fútbol es fútbol, el fútbol es así, en el fútbol 1+1 no son dos, etc… Lo cual viene a decir que el fútbol no es ninguna ciencia y que hay algún componente caótico en su funcionamiento que empuja a que en muchas ocasiones la lógica no funcione.

Mi opinión es que lo que hay en el fútbol son muchas variables, algunas conocidas, otras todavía por conocer que hacen incierto una gran cantidad de resultados y circunstancias que rodean al mismo.

El proceso de desarrollo de software sigue circunstancias parecidas, por mucho que se le haya dotado de toda una teoría de ingeniería del software por detrás, hay muchos imponderables que pueden llevar al éxito más rotundo en un proyecto o al más profundo de los fracasos. La aparición de conceptos como la producción industrializada del software o factorías de software, no son más que la puesta en escena de buenas prácticas para el desarrollo de software y que no vienen a quitarle ese carácter de incertidumbre que rodea a cada desarrollo.

Fútbol es fútbol y proceso de desarrollo de software es proceso de desarrollo de software.

No me refiero a esa preciosa villa marinera asturiana que tuve la oportunidad de conocer el pasado verano.

Me refiero a la sensación que tengo de realizar mi trabajo con un lastre de 500 kilos atado a mis pies. Mi problema es que estoy metido en muchos “fregaos” y en muchos de ellos se me deja a mi solo con la fregona. Yo no pido de los demás un sobreesfuerzo sino que simple y sencillamente cumplan con su trabajo e intenten mejorar con él la forma en que están hechas determinadas cosas en la organización. Solo eso.

Sin embargo, siempre se suele optar por lo más fácil, nada de mirar a medio plazo, nada de mirar a largo plazo, solo mirar el día a día. La excusa, siempre la misma, mucho trabajo, pocos medios, mucho trabajo, pocos medios. Que sí, que en muchos casos puede ser verdad, pero, ¿se ha intentado disponer de más medios?, ¿por qué no afrontar un reto, aunque sea solo uno, que mejore las cosas?.

Yo tengo frito a mis jefes y a los directores usuarios pidiendo medios, no paro y de vez en cuando consigo medios para intentar hacer frente a trabajos que son necesarios y que permiten mejorar determinados procesos de la organización. Unos salen mejor, otros peor, pero el intento está ahí.

También lo que uno quiere choca contra intereses personales (otro lastre), precisamente ahora, cuando conseguir medios es mucho más complicado por la coyuntura económica actual, resulta que una cantidad de dinero que sería muy beneficiosa para mantener evolutivamente determinados proyectos, se utiliza para una finalidad que yo no considero prioritaria en este momento, pero que para otra persona sí lo es. Lo que yo piense en este caso no importa, ya que pese a que lo expresé abiertamente en el foro adecuado, no soy yo quien manda.

Lo de los lastres lo tengo más que asumido, lo que pasa es que hay días o semanas donde el peso se nota más que en otras.

Hace poco me enteré del ascenso de una persona en una empresa que nada tiene que ver con el desarrollo de software, pero me vale como ejemplo de lo que quiero contar en este post.

Esta persona, que siendo muy joven ha sido ascendido a un puesto de alto nivel en su compañía, es una persona normal, es decir, no es un un genio, en su gremio no es un especialista que esté por encima de la media, no posee tampoco una formación por encima de la media de los que se encontraban en su anterior puesto, me consta que tampoco peloteaba más allá de la media y que no tenía enchufes. Sin embargo, le han ascendido a un puesto directivo.

¿Cómo es posible entonces que se haya ascendido tan rápido y tan alto? Quitando el factor suerte, que seguro que lo ha tenido (ya he comentado en muchas ocasiones lo esencial que resulta estar en el sitio justo en el momento adecuado), la clave está en que tenía las cosas muy claras, es decir, su misión era desarrollar negocio y a eso se ha dedicado, ¿qué después al trabajo saliera mejor o peor? Pues hombre, supongo que intentaría que el trabajo fuera bueno, pero a él le medían por el incremento de la facturación en su área de negocio y ese fue su objetivo, para incrementar ese volumen de facturación, tenía que vender, para ello visitó clientes, una y otra vez y se presentaba a todas las ofertas que tenía que ver con el negocio de su compañía, ¿el resultado? Superó muy muy ampliamente los objetivos que su empresa le marcó durante dos años consecutivos. Eso le ha valido el ascenso.

¿Cuál ha sido su mérito? Tener las cosas claras y saber lo que su empresa esperaba de él y esforzarse para darle a la empresa lo que le demandaba. Al final su empresa y él han salido beneficiados y como recompensa le han dado un puesto directivo.

Independientemente de que yo nunca estaré de acuerdo en una política de empresa basada en el pan hoy y hambre para mañana, es decir, de nada vale vender hoy si no haces el trabajo bien y mañana no te llaman, sí que valoro que una persona tenga claro que se puede prosperar en el terreno profesional alineando sus objetivos a los de su empresa y esforzándose por su crecimiento porque vendrá de la mano con el crecimiento de su empresa.

De un tiempo a esta parte vengo observando bastante poco movimiento en los perfiles del contratante de diversas administraciones públicas. ¿Siguen saliendo cosas? Sí, pero la sensación que a mi me da es que son menos que en otros años y es que las administraciones públicas no podían ser ajenas a la crisis.

Lo más significativo de todo no es que salga poco ahora, sino el temor de que el final de año (último cuatrimestre para se exacto) que es cuando más movido está el mercado TIC en las administraciones, el volumen de contratación sea mucho menor que en años precedentes, lo que haría que muchas empresas no salvasen el año y tuvieran serios problemas para el siguiente.

Es por eso que cada contrato que sale es codiciado por muchos, porque prefieren intentar ganar todo lo posible cuanto antes, no vaya a ser que después, las vacas se hagan todavíá más flacas.

Los concursos son procesos competitivos, por lo que ya veremos (tal vez con el paso de un par de años) qué empresas han resultado las más competitivas, innovadoras y atrevidas y cuáles no han sabido adaptarse a este entorno donde hay poco para muchos.

Leyendo este artículo del blog Externalidades, me viene a la mente de que todos los que queremos algo, alcanzar una meta, un objetivo, independientemente del terreno de juego en el que nos encontremos, pasamos por circunstancias parecidas. Recomiendo enórmemente la lectura de dicha entrada, ya que lo que le pasó a él, mañana nos puede pasar a cualquiera y hay que ser fuerte para resistir esos golpes.

Que nadie crea y yo lo he vivido y estoy viviendo en primera persona, que alcanzar unos objetivos es sencillo. Es más, es tremendamente complicado. En el mundo TIC y del desarrollo de software todavía más, debido a la gran cantidad de variables que siempre están presentes. Desde el punto de vista laboral, tengo todavía mucho por hacer y tengo todavía lejos a qué quiero llegar, pero tengo bastante claras cuáles son mis metas, son varias, pese a que lleve ya seis años intentando alcanzarlas. no me rindo, y eso que hay veces que te dan ganas de tirar la toalla.

Me han llovido, me llueven y me lloverán ostias de toda índole, unas las encajaré mejor y otras peor, con eso ya cuento, fue una de las cosas que aprendí antes en el ámbito de mi organización, que para conseguir las cosas y más en este ecosistema hay que ser un buen encajador de golpes.

Yo creo que la clave de todo está en la resistencia y en no perder nunca las metas a las que se quiere llegar, el camino puede ser largo, pero la única forma de completarlo es recordar que para llegar al final, hay que apretar los dientes y saber que el camino está lleno de baches.

El juicio que ha sido originado por la demanda de varias casas discográficas sobre Pablo Soto por poner a disposición de quien quiera adquirirlo, software para el intercambio de ficheros a través de Internet, es un despropósito tremendo.

Es decir, demandan a una persona por desarrollar un software que es totalmente neutral y que sólo es el uso que se le da a ese software, el que puede llegar a ser constituyente de delito.

Bajo esta premisa estas mismas discográficas podrían demandar a las compañías eléctricas por dar la energía para que funcione el ordenador, a los fabricantes de ordenadores y dispositivos móviles, los proveedores de acceso a Internet, a los desarrolladores de software para la copia de CDs y DVDs, a los fabricantes de CDs y DVDs, a las empresas que dan servicios de almacenamiento de ficheros en Internet, incluso a Vint Cerf por ser uno de los creadores de Internet. Lo dicho, un despropósito.

Con situaciones como esta las discográficas no hacen más que seguir perdiendo credibilidad y respeto por parte de las personas que pueden hacer mantener su negocio caduco de la venta de trozos de plástico, que no somos otros que la ciudadanía. Ellos piensan tal vez, que metiendo miedo, que para mi es el fin último de este juicio (cuidado con lo que haces porque te puedo sentar en un banquillo) conseguirán sus objetivos. En mi opinión es una política equivocada, porque ir en contra de quien te da de comer, no creo que sea la mejor opción.

La ciudadanía, gracias entre otras cosas a Internet, no somos meros corderitos que nos creemos cuatro anuncios o cuatro campañas (algunas con dinero público) criminalizando hechos no delictivos, por lo que todo esto al final, se terminará volviendo en contra de quien lo ha creado.

El juez tendrá la última palabra, pero para mi Pablo Soto tenía, tiene y tendrá el juicio ganado (juicio, que por otra parte, nunca debería haberse llegado a producir).

Enrique Dans hace una analogía del caso de Pablo Soto con Johannes Gutenberg en su columna de Expansión. No tiene desperdicio.

Si has conseguido que un cliente confíe en ti, has dado un auténtico paso de gigante para hacer que su relación con él se prolongue en el tiempo.

La confianza crea fidelización y la fidelización estabilidad.

La confianza no es sólo conseguir la entrega de productos con un nivel importante de calidad, sino haber estado ahí durante el proyecto y después de él, estando a disposición del cliente cuando ha sido necesario y manteniendo un diálogo constante y sin fisuras.

La confianza cuesta ganarla y esto sucede en todos los ámbitos de nuestra vida, no solo en el proceso de desarrollo de software y resulta muy fácil perderla, con cualquier paso en falso.

Imaginaros el siguiente caso, contratáis a una empresa para que os haga una reforma en la cocina y resulta que aunque la ejecución final ha sido muy buena, la obra ha durado un mes más de lo previsto, había días que los albañiles aparecían y otros que no, que cuando se llamaba para pedir una explicación no siempre se respondía y que para reparar unos pequeños desperfectos en la obra, has tenido que estar llamando todos los días, hasta que por fin dos meses después han aparecido y lo han arreglado. ¿Volverías a confiar la reforma de alguna otra habitación de tu casa a dicha empresa?.

La crisis del software, en mi opinión, es algo que todavía no se ha superado, desde que se empezase a hablar de ella, en la década de los sesenta, a partir del genial holandés Edsger Dijkstra en su obra “The Humble Programmer”

Bien es cierto, que hay autores, con un prestigio infinitamente multiplicado por infinito superior al mío, que consideran que es algo que está superado, como por ejemplo, Roger S. Pressman, que lo redefine como aflicción crónica, al existir cada vez más casos de éxito.

Mi experiencia, al menos en el segmento en el que me muevo, es que se quiera llamar como se quiera, la crisis del software sigue presente.

La crisis del software se refiere principalmente a las siguientes características del proceso de desarrollo:

– Incumplimiento sistemático de los plazos de entrega.
– Desajuste entre el presupuesto inicial estimado y el presupuesto final del proyecto.
– Baja calidad del producto final: Incumplimiento de especificaciones y dificultad de mantenimiento.

Que alguien me diga en qué porcentaje de los proyectos en los que ha participado como programador, analista, jefe de proyectos o gerente se ha cumplido algunas de las premisas anteriores. En bastantes, ¿verdad?.

Por eso pienso que la crisis del software continua, por mucho que la aparición del concepto de ingeniería del software o de múltiples metodologías hayan intentado paliarla.

Bien es cierto, que las bases para eliminar la crisis del software en un proyecto de desarrollo de software son muy conocidas por todos, lo que pasa es que son tantos los ingredientes a utilizar (unos dependientes del grupo de desarrollo y otros no) para que un proyecto salga bien en plazos, presupuesto y calidad, que no resulta nada sencillo (aunque no es imposible) conseguirlo.

Por todo lo anterior, pese a que la solución tiene una base metodológica y de disciplina (de todas las partes que intervienen en el proyecto, teniendo mucho peso la parte usuaria), la base para arreglarla es cultural, es decir, la adquisición de buenos hábitos de base para el desarrollo de proyectos software (ya que sin esta cultura, la metodología se llenará de polvo en las estanterías y la disciplina un bien perecedero) y la erradicación de los mitos del software en todas sus vertientes.

Nadie tiene la llave para ser infalible en los proyectos de desarrollo de software, es decir, como he dicho antes, un proceso de desarrollo tiene muchos condicionantes y es muy complicado manejarlos todos, sobre todo cuando no dependen de uno. En cualquier caso, lo que hay que intentar siempre es tender a hacer las cosas de la mejor manera posible y a intentar cumplir los objetivos de plazos, presupuestarios y de calidad, porque si hay una cosa que debe clara a todos, es que si un proyecto no se enfoca hacia esos objetivos, es complicado, muy complicado, que se consigan por casualidad.