Quién no llora no mama: orientación al negocio

Hace tiempo escribí un post sobre el uso, en el plano personal, más que necesario del quién no llora no mama, para intentar en determinados entornos y circunstancias, determinados objetivos.

En este caso lo voy a enfocar al ámbito de las empresas y la consecución de negocios. En muchos artículos he comentado lo interesante que resulta cuando no se consigue un determinado contrato ir al cliente y preguntar en qué aspectos se ha fallado en la oferta, con el objetivo de mejorar en las próximas. Pues bien, esto además de resultar más que útil por la posibilidad de conocer un poco mejor al cliente y a los que toman las decisiones, (lo que provocará que las ofertas sean cada vez más adaptadas a los que ellos quieren y buscan), es una herramienta psicológica muy importante (si se aplica en condiciones, es decir, si se va de buenas y no en plan borde), que como es lógico no afecta a todos por igual, ya que hace ver al cliente que lo intentas una y otra vez y que no consigues negocio con él, pese a que cada vez inviertes más esfuerzo en la realización de las ofertas y estas cada vez son mejores y que se merecen una oportunidad para demostrar que lo pueden hacer muy bien. Si se hace correctamente (y hay auténticos especialistas en el mundo de los negocios), el quién no llora no mama puede ser un instrumento muy eficaz.

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