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Archivos diarios: agosto 2, 2009

Recuerdo un caso que me contaron hace bastante tiempo y que aunque no tiene que ver directamente con el negocio de las TICs creo que resulta interesante para hacer unas cuantas reflexiones.

Resulta que a un administrativo de una multinacional le ofrecieron desempeñar de manera indefinida un puesto de una mayor responsabilidad, puesto que en condiciones normales tardaría años en desempeñar incluso haciéndolo muy bien, pero que por una serie de circunstancias de la compañía era necesario cubrir y esa persona se encontraba en el sitio justo y en el momento adecuado.

Pero claro, todo no iba a ser tan bonito. Durante un tiempo, también indefinido, esa persona debía ocupar ese puesto sin una subida sustancial de sueldo. ¿Qué decisión tomó esa persona? Rechazar la propuesta y quedarse en su puesto de trabajo, ya que no estaba de acuerdo con asumir ese trabajo, sin un sueldo acorde a la responsabilidad que iba a tener.

Primero quiero aclarar que me resulta del todo respetable la decisión que tomó esa persona. No obstante, mi consejo en que en este tipo de situaciones se aproveche la oportunidad para demostrar la valía que se tiene, lo demás, si se hace bien, vendrá solo, se tardará mas, se tardará menos, pero vendrá solo. Es como si a un jugador de juveniles de un equipo de primera división le dicen que va a jugar los últimos diez partidos de Liga en el primer equipo y se niega por no hacerle un contrato de las características de sus nuevos compañeros.

Os comento mi caso personal. Los que hayáis leído mi perfil o algún artículo del blog en el que hago referencia al tema, ya sabréis que en un período de tiempo muy corto pasé de becario de una gran empresa de desarrollo de software a dirigir proyectos en mi organización actual, sin más mérito que estar en el sitio justo en el momento adecuado. Perfectamente me podría haber negado y sin embargo decidí asumir el reto y tardé más de tres años en que me empezasen a reconocer económicamente mi trabajo o lo que es lo mismo estuve tres años cobrando prácticamente lo mismo (es cierto que en medio de todo esto, tuve mis momentos de flaqueza, porque no soy de piedra, pero tuve la paciencia suficiente para aguantar). A día de hoy puedo decir que no me arrepentí del paso que dí, aunque el salto no fue nada sencillo y cambié una vida laboral mucho más tranquila, por otra más compleja.

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