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Archivos diarios: septiembre 9, 2009

Eso de trabajar muchas horas (se entiende trabajar muchas horas, trabajar muchas más horas que las que me pagan), es algo que tengo asumido y que digiero más o menos en función de la ilusión y motivación que me transmitan los proyectos y el apoyo de la institución en darme los medios necesarios para sacar adelante los mismos. Y claro, esto es senoidal.

Sabiendo que tengo mucho trabajo que hacer y que sufro múltiples interrupciones por la naturaleza de mi trabajo, sólo me queda ir aprendiendo poco a poco a planificar, organizar y optimizar mi trabajo.

Aplicando estas técnicas he conseguido de manera importante hacer mi trabajo más eficiente, de manera que consigo sacar más trabajo adelante en menos margen de tiempo. Ese tiempo extra que gano, es tiempo que gano para mi tiempo libre y sobre todo para ganar un poquito de tranquilidad, ya que uno de los problemas que tenemos los que nos dedicamos al desarrollo de software es que por muchos medios que pongamos para evitarlo siempre nos llevamos el trabajo en la cabeza.

He aprendido que el tiempo invertido en planificar, organizar los trabajos y comunicar cláramente a usuarios, proveedores y compañeros qué es lo que necesito o quiero es tiempo que después recupero multiplicado por unas cuantas unidades.

También he aprendido a delegar (esto cuesta más), a que no se puede estar en varios sitios al mismo tiempo y a centrarme en tareas que se corresponden exclusivamente a mi trabajo o a mis proyectos.

Otra de mis asignaturas pendientes en el ámbito laboral es reducir mi procrastinación, es decir, la tendencia de dejar cosas para mañana que puedo resolver hoy. Bien es cierto que he mejorado mucho en este aspecto, pero todavía tengo margen de mejora.

En muchos casos la procrastinación llega por la aplicación de ese famoso dicho de “deja para mañana lo que puedas hacer hoy”. En mi caso la procrastinación no se produce por eso, sino por la tendencia a postergar la realización de tareas que me gusta menos hacer.

Es muy humano centrarnos en lo que nos gusta y evitar lo que nos gusta menos, somos así y yo no iba a ser una excepción, no obstante, lo que sí he conseguido aprender es que tarde o temprano las cosas que retrasamos su ejecución se tienen que hacer y este retraso, en ocasiones, causa más problemas y más quebraderos de cabeza que si se hubiera ejecutado la tarea sin más, voy más lejos, en ocasiones, genera mucho más trabajo “no agradable” que el que hubiera tenido que hacer si la tarea la hubiera abordado cuando debiera.

Lo que sí tengo claro es que además de seguir reduciendo mi procrastinación, es que no hay que obsesionarse con ello una vez que se es consciente de que la productividad mejora conforme reducimos la procrastinación, es decir, una vez que somos conscientes de que hay que mejorar en este sentido. Por tanto la toma de conciencia del problema, terminará poco a poco por ir resolviéndolo (tal vez no de forma completa, pero sí de forma que se noten beneficios).

¿Por qué digo de que no hay que obsesionarse? Pues porque puede ser peor el remedio que la enfermedad, la obsesión por llevar todo al día provoca stress y como consecuencia la típica sensación de bloqueo (hay veces que por necesidad en el trabajo hay que llevar las cosas completamente al día, pero esto solo es mantenible en períodos razonables de tiempo, más allá de esto, los resultados son más negativos que positivos). Por tanto, en ocasiones procrastinar puede ser beneficioso (si uno está muy saturado y puede dejar una tarea para mañana (o pasado) que no resulta prioritaria y que no apetece hacer, ¿por qué no realizar otra aunque sea incluso menos prioritaria pero que se nos apetezca más?).

Una de mis películas favoritas de siempre ha sido Wall Street, es complicado decir si es mi favorita ya que hay otras muchas que me encantan, pero lo sí estoy seguro es que es de las películas que más veces he visto.

Por cierto, para los que les gustase la película, va a comenzar el rodaje de una segunda parte, Wall Street 2: Money never sleeps (haciendo uso en el título de una de las frases más famosas que utilizó Gordon Gekko en la película original), como sucede con la primera parte estará dirigida por Oliver Stone y Michael Douglas hará el papel de Gordon Gekko.

En el siguiente enlace podéis acceder a algunas de las frases más famosas de la película (faltarían otras muchas).

En la película se narra el ascenso y descenso de Bud Fox, un agente de cambio y bolsa. De esta trayectoria me interesa la inicial (también la final, cuando se da cuenta de las consecuencias de sus actos y toma medidas para intentar, al menos paliar la situación, aunque para lo que quiero contar en el post me quedo con la etapa inicial), la que considero positiva y es el inicio del ascenso, evidentemente el resto de su ascenso sería interesante para otro post, para analizar donde están los límites y analizar un poco el personaje de Gordon Gekko.

Bud Fox es un personaje muy ambicioso, de hecho su exceso de ambición fue su perdición, ya que lo uso Gordon Gekko para que se subiera a su tren, que funcionaba según sus reglas, que iba muy deprisa y del cual era muy complicado bajar. Como suele suceder, su problema fue irse a los extremos, a una ambición excesiva, a caer en el juego de que todo vale y que el fin justifica cualquier medio. Pero antes de caer en los extremos (Gekko le ayudó a ir hacia allí, aunque su exceso de ambición hizo que tampoco fuera necesario un empujón muy fuerte), su objetivo era conocerle y hacer negocios con él, puede que tuviera sus dudas sobre qué tipo de persona era (aunque le concedió el beneficio de la duda), pero sus objetivos (en principio) eran legítimos y propios de cualquier agente de cambio y bolsa. Para ello no se puso límite e insistió día tras día, desde su puesto de trabajo para ponerse en contacto con él (pese al escepticismo de sus compañeros), hasta que un día aprovechando que era el cumpleaños de Gekko, forzó la situación para por fin llegar a conocerlo.

Esa ambición sí que es buena, la ambición de querer alcanzar un objetivo complicado y poner el empeño que se requería, no ponerse barreras imaginarias, tener la paciencia muchas veces necesaria para conseguir las cosas y el preguntarse constantemente, ¿por qué no?. Su problema, no querer ver dónde están los límites.