Dejar las cosas para mañana

Otra de mis asignaturas pendientes en el ámbito laboral es reducir mi procrastinación, es decir, la tendencia de dejar cosas para mañana que puedo resolver hoy. Bien es cierto que he mejorado mucho en este aspecto, pero todavía tengo margen de mejora.

En muchos casos la procrastinación llega por la aplicación de ese famoso dicho de “deja para mañana lo que puedas hacer hoy”. En mi caso la procrastinación no se produce por eso, sino por la tendencia a postergar la realización de tareas que me gusta menos hacer.

Es muy humano centrarnos en lo que nos gusta y evitar lo que nos gusta menos, somos así y yo no iba a ser una excepción, no obstante, lo que sí he conseguido aprender es que tarde o temprano las cosas que retrasamos su ejecución se tienen que hacer y este retraso, en ocasiones, causa más problemas y más quebraderos de cabeza que si se hubiera ejecutado la tarea sin más, voy más lejos, en ocasiones, genera mucho más trabajo “no agradable” que el que hubiera tenido que hacer si la tarea la hubiera abordado cuando debiera.

Lo que sí tengo claro es que además de seguir reduciendo mi procrastinación, es que no hay que obsesionarse con ello una vez que se es consciente de que la productividad mejora conforme reducimos la procrastinación, es decir, una vez que somos conscientes de que hay que mejorar en este sentido. Por tanto la toma de conciencia del problema, terminará poco a poco por ir resolviéndolo (tal vez no de forma completa, pero sí de forma que se noten beneficios).

¿Por qué digo de que no hay que obsesionarse? Pues porque puede ser peor el remedio que la enfermedad, la obsesión por llevar todo al día provoca stress y como consecuencia la típica sensación de bloqueo (hay veces que por necesidad en el trabajo hay que llevar las cosas completamente al día, pero esto solo es mantenible en períodos razonables de tiempo, más allá de esto, los resultados son más negativos que positivos). Por tanto, en ocasiones procrastinar puede ser beneficioso (si uno está muy saturado y puede dejar una tarea para mañana (o pasado) que no resulta prioritaria y que no apetece hacer, ¿por qué no realizar otra aunque sea incluso menos prioritaria pero que se nos apetezca más?).

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