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Archivos diarios: noviembre 3, 2009

Dentro del proceso de aprendizaje uno de los factores más importantes son los errores, siempre y cuando se sea consciente y se admita la equivocación (si se ha fallado y no se admite, no se habrá aprendido nada).

De la misma forma que nosotros nos equivocamos (y nos equivocamos todos, algunos con más frecuencia y otros con menos, porque nadie es infalible), tenemos que admitir que los demás, nuestros compañeros, nuestros superiores y las personas que están a nuestro cargo se equivoquen. Evidentemente ni todos los errores son iguales ni tampoco puede haber barra libre, el umbral estará en el impacto del error, en el número de errores previos, la responsabilidad de la persona en el mismo y el puesto que ocupe dentro de la organización.

Siendo conscientes de la existencia de límites si queremos que nuestro equipo de trabajo evolucione, hay que darle la oportunidad de que además de desempeñar su trabajo habitual asuman decisiones, realicen tareas de una complejidad mayor a las que venían realizando y/o efectúen actividades complementarias. Estos saltos, estas salidas de la rutina generarán sin dudas errores y equivocaciones, pero hay que entender que éstos son consecuencia de una evolución normal del personal en la organización y ya es tarea de los responsables de dichas personas impedir el error antes de que se produzca o paliar los efectos si no se detecta a tiempo. Si no se permite esta evolución por miedo a los errores se estará tirando, desde mi punto de vista, piedras contra nuestra propio tejado, ya que la experiencia también se mide en responsabilidades y en vivencias y si nuestro equipo de trabajo no las tiene, está condenado a madurar mucho más lentamente, a acomodarse y a tener menos posibilidades de crecimiento en la organización, ya que se tenderá a buscar en el mercado lo que no se ha podido generar dentro de la misma y en mi opinión debe existir un equilibrio entre los fichajes (muchas veces necesarios y otras porque el mercado permite acceder a un recurso o a unos recursos muy valiosos) y la promoción interna del personal, ya que si los trabajadores ven pocas posibilidades de evolucionar, surgirá desmotivación y una reducción de la productividad, además de una posible marcha de algunos de ellos buscando otras alternativas.