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Archivos diarios: noviembre 28, 2009

De todos es sabido que cuanto antes se solucione un problema en un proyecto de desarrollo de software, menos coste tiene para el mismo y de ello salen beneficiados tanto proveedor como cliente.

Por ese motivo resulta esencial que un proyecto sea sólido desde la base, siendo la misma el análisis funcional, lo que hace que sea muy importante la figura del analista que es la persona o grupo de personas (si el proyecto es grande) que se tienen que encargar de entender, interpretar y traducir lo que el usuario demanda, sentando las bases de los posteriores procesos de diseño y construcción del sistema de información.

Hacer un buen análisis es una tarea bastante compleja, ya que resulta muy complicado obtener todos los requerimientos del usuario desde etapas muy tempranas, ya que por regla general el usuario empieza a descubrir el detalle de todo lo que quiere cuando empieza a utilizar el producto ya construido con ejemplos reales de su día a día de trabajo (también suelen comentar nuevos requisitos o enmendar requisitos previos, en otras etapas conforme se le vaya presentando la evolución del proyecto, de hecho no es malo que se corrijan, ya que cuanto más avanzado esté el proyecto, el esfuerzo de hacer los cambios es mucho mayor). De hecho es prácticamente inevitable no hacer evolutivos que solventen esos flecos que no se detectaron en análisis para dejar el producto lo más próximo posible a lo que los usuarios necesitan y demandan. Como consecuencia de lo anterior, y como es lógico, se puede considerar que un análisis funcional es más bueno conforme sea menor el número de ajustes que haya que hacer en etapas posteriores del proyecto.

Es importante matizar que un proyecto de desarrollo de software no es una barra libre y que es importante que el usuario conozca sus responsabilidades en el proceso de definición del sistema y que no se pueden estar cambiando de requisitos continuamente, como tampoco podría estar cambiando frecuentemente de opinión si le están construyendo una casa. Todo lo anterior además hay que compatibilizarlo con que todas las partes están interesadas en el que el proyecto vaya a buen término, por lo que tampoco es una buena política ser inflexibles en la modificación del catálogo de requisitos, porque si el resultado final no es el que quiere el usuario, el sistema de información tendrá muchas papeletas para no ser utilizado. Equilibrio complicado: evitar que los usuarios modifiquen continuamente requisitos y tener un poco de mano izquierda cuando se planteen esos cambios. Como ese equilibrio es complicado de mantener y es fuente frecuente de conflictos, hay que intentar que el análisis tenga la mayor calidad posible.

Hacer un análisis funcional por tanto es una tarea compleja, a lo que hay que sumar que en muchos casos hay que aprender mucho sobre el proceso de negocio que se pretende informatizar, para entender de mejor manera lo que el usuario demanda, ya que resulta todo más fácil si el lenguaje que se utiliza es el mismo. En muchas ocasiones esos procesos de negocio son tremendamente complejos y además se dispone también de poco tiempo para entenderlos, teniendo en cuenta que por regla general y como he comentado muchas veces en mi blog, los proyectos informáticos suelen estar infravalorados (por el que contrata y/o por el que es contratado (para conseguir el contrato)).

Dado que el análisis funcional consiste en abstraer un conjunto de necesidades de los usuarios es muy importante la implicación de los mismos y eso no siempre se consigue. Si los usuarios no están implicados, por muy buen analista funcional que tenga el proyecto, las probabilidades de que este salga mal crecen exponencialmente. Evidentemente un buen analista puede paliar esos huecos que deja el usuario e incluso conseguir una mayor participación de los usuarios, pero más tarde o más temprano los problemas aparecerán y al final siempre termina pagando el proyecto (en primera instancia) y el que lo desarrolla (en segunda). Por todo lo anterior, se puede pedir que un analista funcional aprenda un proceso de negocio complejo, que consiga extraer de los usuarios lo que buscan y necesitan y que además lo haga en un tiempo record, pero lo que no se le puede pedir es que haga magia y resuelva problemáticas que le trascienden, como el caso que he comentado de la inacción de los usuarios en determinados proyectos, siendo esa falta la implicación la primera causa de que un análisis no salga bien y por tanto una de las causas más importantes del fracaso de un proyecto y no se trata en este caso de tirar pelotas fuera y ponerme del lado de mis colegas de profesión, se trata de algo que he podido vivir en diferentes proyectos de manera muy directa.

Nadie es infalible y un analista funcional tampoco lo es. Habrá errores (independientemente de que la causa de los mismos sea provocada por circunstancias adversas en el proyecto o no), puede que en este proyecto sean muy pocos y que en otros sean mayores, por eso es importante que el analista lo tenga asumido desde un principio, como también lo es que de esos errores se debe aprender y que resultarán fundamentales en la formación del mismo. Al final esos errores terminan curtiendo y permiten que cada vez los análisis que se realicen sean mejores. Por tanto, la experiencia resulta importante. En cualquier caso, suponer un análisis perfecto es suponer que en un proyecto se dan circunstancias ideales y que todas las variables que pueden influir en que las cosas vayan mejor o peor, están todas a favor.

De todo lo comentado en los párrafos anteriores se extrae que es importante que un analista funcional sea un buen comunicador, primero con el usuario ya que resulta fundamental que el usuario conozca todo lo que hemos entendido y cómo se pretende llevar a cabo (no conseguir eso es ir a ciegas) y segundo con el equipo de proyecto ya que tiene que trasladar a documentación y hacerles entender la interpretación de lo que el usuario quiere y cómo lo quiere.

Un buen análisis funcional no asegura el éxito del proyecto, ya que la ejecución técnica del mismo también tiene un peso importante, pero lo que sí es seguro es que si el análisis funcional no es bueno, la ejecución técnica difícilmente puede salvar las deficiencias del mismo y tocará corregir el producto una vez construido y además, por regla general, en diferentes evoluciones, lo cual es muy costoso y tampoco asegura que ese árbol que empezó torcido, termine por enderezarse.