archivo

Archivos diarios: diciembre 9, 2009

No hay nada más caro para una organización que perder alguna de las piezas fundamentales para su funcionamiento, tengan la categoría profesional que tengan. Y todavía más caro resulta si los mismos se van a empresas con las que se tiene competencia directa, en este caso éstas se frotan las manos, ya que no sólo han conseguido personal de mucha calidad, sino que además han dejado debilitado al contrario.

Si estas personas se van, se llevan todo el conocimiento y experiencia acumulado en el tiempo que estuvieron en la empresa, si las cosas se han hecho bien por parte de la organización, parte del conocimiento se habrá quedado en la organización, pero en cualquier caso su sustitución tendrá un impacto directo en la empresa (cuanto más grande sea la empresa, se notará menos, pero el área en la que trabajan lo notaran mucho), ya que primero la persona que lo sustituya, si viene de fuera, tendrá que adaptarse a un nuevo entorno laboral y después está por ver, por muy buenas referencias y currículum que tenga, que consiga alcanzar el nivel del que se ha ido.

Para que un empleado continúe en una empresa se tienen que dar a la vez dos circunstancias: que la organización y el trabajador quieran. En este artículo me voy a centrar en los recursos que proporcionan mayor valor a la organización (y no necesariamente tienen por qué ocupar los puestos más altos de la misma), por lo que doy por supuesto de que la empresa desea su continuidad (no me estoy centrando en aspectos puramente técnicos, sino más allá, su implicación, su personalidad, su capacidad de trabajar en equipo, su proyección profesional, su espíritu de superación, su capacidad de comunicación, etc…), no entro a valorar circunstancias especiales como quiebras o situaciones económicas complicadas que pueden provocar la necesidad de reducir costes de personal (aunque lo más lógico y deseable es que este tipo de trabajadores sean los últimos en abandonar el barco). Por tanto, una vez que una de las dos variables tiene valor a true, queda la otra, y es que el trabajador quiera seguir trabajando en la organización.

Hay diferentes variables para que un trabajador quiera continuar trabajando en la organización, entre ellas destaco las siguientes: el dinero, la motivación, la comodidad, la seguridad y el entorno laboral (en muchas ocasiones, interrelacionadas entre sí). Todas ellas son muy importantes y dependiendo de cada persona y sus circunstancias personales, unas tendrán más peso que otras, aunque todas ellas requerirán de su justa medida para que el trabajador esté contento, ¿puede abandonar la empresa un trabajador contento? Sí, pero todavía será más probable que la abandone si no se siente bien en la misma por algún motivo.

Vamos a analizar las variables indicadas anteriormente:

– El dinero: Pues sí, trabajamos por dinero y por tanto juega un papel muy importante en todo este asunto. Un trabajador que se sienta mal pagado, será un trabajador descontento y además es un aspecto sobre el que puede ser tentado con mucha facilidad, ya que mientras las otras variables, por muy bien que te la vendan, son una incógnita, el dinero es algo tangible y concreto. Siempre, costará más dinero que un trabajador se vaya que el sueldo justo que ese trabajador deba percibir, aunque suponga un aumento significativo respecto a su salario actual. No estoy hablando de pagar nóminas desproporcionadas, fuera de mercado, sino de pagar a un trabajador que se lo ha ganado el sueldo que se merece. Por tanto, si se quiere mantener a la gente importante es algo que cuesta dinero y si no lo paga tu organización, vendrá otra que sí lo hará.

– La motivación: Un trabajo monótono, unos proyectos que no terminan nunca, unas jornadas laborales que se saben cuando empiezan pero no cuando acaban, un esfuerzo no recompensado, un apoyo que no aparece, no sentirse escuchado, no sentirse valorado, la sensación de estar estancado, no recibir un trato justo, etc… son algunos de los factores que pueden afectar a la motivación del trabajador. La motivación no siempre es fácil de conseguir, ya que la dinámica de funcionamiento de los proyectos o de la organización, pueden provocar que sea complicado hacer los cambios oportunos para intentar tener al personal lo más motivado posible, pero en cualquier caso, es un aspecto que se debe tener en cuenta siempre. Los trabajadores no son máquinas, cada uno es un mundo y para cada universo personal se requiere dar la respuesta que necesita en cada momento y cuando no se le puede dar, explicarle las razones e intentar trazar un plan para dársela a medio/largo plazo.

– La comodidad: Dominar el trabajo que se hace, el hecho de que no se necesite ir más allá de la jornada laboral para llevar adelante los proyectos, la cercanía (en tiempo y/o en distancia) al trabajo, la existencia de un moderado número de momentos críticos en los proyectos, etc… son factores que pueden proporcionar comodidad al trabajador. Es importante no confundir comodidad con acomodarse, de hecho este artículo trata de conservar lo bueno y generalmente, lo bueno si se acomoda, ya no lo es tanto. Hay personas a las que le va la marcha y esta variable no ser tan importante, pero también hay que tener en cuenta que incluso para estas personas, por mucho dinero que se les pague y por muy motivados que estén en el trabajo, si cada día existen crisis en los proyectos o se tienen que comer atascos de más de una hora en la entrada y en la salida del trabajo, lo mismo se terminan quemando y buscando una salida.

– La seguridad: Cuando se pagan hipotecas o facturas, saber que todos los meses te van a ingresar la nómina o que no existe riesgo de perder el trabajo proporciona una gran sensación de seguridad. Esto todavía va más lejos si se tiene a su cargo una familia. Si la nave corre riesgo de naufragar, no todos los empleados tienen el espíritu del capitán y hundirse con el barco.

– El entorno laboral: El trabajo se realiza en forma de proyectos, donde el día a día se comparte con otras personas, el proyecto se ejecuta en una organización, donde se convive con otros compañeros, por tanto, este factor juega un papel importante por sí mismo y por el impacto que puede tener en otros como por ejemplo, en la motivación.

Nadie dice que conservar lo bueno sea sencillo, pero más complicado todavía es haber conseguido encontrar y/o formar lo bueno, por tanto hay que poner todas las medidas que sean posibles para evitar que los mejores se vayan.