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Archivos diarios: diciembre 16, 2009

Cuando se tiene trabajo, todos los primeros de mes se recibe la nómina en el banco y en se tiene la suerte de que en tu entorno directo existe una situación similar, puede perderse un poco la visión de la realidad y que no es otra que la crisis está golpeando y fuerte y que no es una circunstancia que haya surgido en las últimas semanas, sino que viene de bastante atrás.

La crisis es algo que existe más allá de la pantalla de televisión, de las tertulias de radio o de los periódicos, más allá de lo que cuenta el gobierno o la oposición, es una realidad que nos rodea a todos y de la que es difícil resultar ajenos.

Es cuestión de debate y de explicación por parte de los políticos de cómo se ha llegado a esta situación, porque evidentemente la crisis no es algo casual, sino algo causal, hay una serie de cosas que se han tenido que ir haciendo mal a lo largo de los años y que nos ha llevado a esta situación, es decir, no es nada derivado de ciclos económicos o de conjunción de planetas, es resultado de negligencias y de miradas hacia otro lado generalizadas que, como siempre, terminamos por pagar los mismos. No es el fondo de este artículo analizar las causas de la crisis, de cuáles son sus posibles soluciones o de cuándo saldremos efectivamente de ella, sino de dar mi visión de cómo intentar en algunos casos tener la nave a flote mientras dura la tormenta, ya que existirán muchas situaciones que por mucho que se intenten poner los medios adecuados por parte de empresa y trabajadores, no se conseguirá solucionar el problema.

En una situación de crisis como en la que nos encontramos es cuando más tenemos que valorar el tener un puesto de trabajo. Lo mismo el trabajo no es el de nuestra vida, lo mismo pensamos que nos merecemos ganar más dinero y/o trabajar menos horas (es humano pensar eso), pero a día de hoy tal y como están las cosas tener un trabajo es para sentirse afortunado, recordemos que hay familias donde todos sus miembros no tienen ningún ingreso y ese sí que es un problema.

Las empresas deben esforzarse por tratar lo mejor posible a sus trabajadores, pero estos también deben poner su granito de arena para que la organización prospere, es decir, no todos son derechos, también debe haber obligaciones y para que la empresa se sostenga, el nivel de productividad en la misma debe resultar el adecuado, además de intentar conseguir y/o mantener la mayor parte del negocio posible. En situaciones de crisis como la actual, todos deben remar en la misma dirección, es decir, si una empresa tiene dificultades, la alta dirección y los trabajadores deben hacer un esfuerzo y ser solidarios, la falta de solidaridad de unos respecto a otros o dentro de cada grupo concreto puede ser fatal para la continuidad del negocio y si este no funciona y los gastos mensuales son mayores que los ingresos y la situación de falta de liquidez, ha dado lugar a endeudamiento y pasado un tiempo se agotan las fuentes de financiación, terminará “en el mejor de los casos” con una reducción de la plantilla y en el peor de los casos con el cierre de la empresa.

Es cierto que hay trabajadores que por sus características pueden sobrevivir perfectamente a una situación de pérdida del puesto de trabajo, ya que pueden encontrar con facilidad un nuevo empleo, incluso en mejores condiciones que el anterior, pero esto no ocurre desgraciadamente con todos los trabajadores, situación que se agrava si el número de desempleados es elevado y el número de vacantes reducida.

Como he comentado en algún que otro artículo, el nivel de compromiso de los empleados en este tipo de situaciones será proporcional al nivel de compromiso que la empresa haya tenido respecto a sus empleados en períodos de bonanza, por ese motivo siempre insisto en que llevar una buena política respecto a los recursos humanos es una buena medicina tanto en tiempos buenos como en tiempos difíciles, es una inversión de cara al futuro. Cuando hablo de la buena política, no hablo de barras libres, sino de trato justo, de premiar y promocionar proporcionalmente a quien se lo merece y de entender los problemas y circunstancias de cada empleado, es cierto que en organizaciones muy grandes esto no resulta sencillo, lo cual no quiere decir que sea imposible.

En definitiva, la crisis es algo real, está golpeando a la mayoría de las empresas en distinta medida, pero afectando y preocupando al fin y al cabo a los gestores de las mismas. Los empleados de estas organizaciones en ocasiones tienen en su mano la posibilidad de que la organización aguante este período de dificultades (si cada cual hace la guerra por su cuenta, si cunde el desánimo o se bajan los brazos difícilmente se podrá conseguir algo), pero para ello hay que tratar el problema de forma solidaria con respecto al resto de compañeros y por supuesto, que la empresa también ponga de su parte y dé ejemplo.