archivo

Archivos diarios: febrero 18, 2010

La delegación de tareas es una de las actividades que nos resultan más complicadas a todos, independientemente del puesto que ocupemos y de las funciones que realicemos.

Ya he comentado más de una vez en este blog, que me resulta muy complicado delegar y la principal culpa de esto no la tiene ningún agente externo, sino que el problema está en mi mismo, en ser consciente de que por mucho que intente controlar o realizar personalmente determinadas tareas, ni mi capacidad de absorber trabajo ni mi conocimiento sobre determinadas materias, van a conseguir un resultado mejor que el que tendría la realización de esa tarea por parte de otro grupo de personas que tuvieran la oportunidad de seguir más estrechamente el trabajo y/o tuvieran una mayor experiencia o conocimiento sobre el mismo.

Es cierto que a veces para poder delegar es necesario tener personas (en calidad y/o en número) para poder hacerlo, pero también lo es que estas circunstancias pese a que existen, no son el principal handicap para delegar, ya que se puede tener un grupo reducido de personas en quien delegar y por tanto tener la posibilidad de asignar tareas a las mismas. Por tanto, el mundo ideal es tener una infraestructura de personas lo suficientemente amplia y preparada para poder delegar, pero como eso se va a dar en muy pocos casos, lo importante es que todo lo que podamos delegar lo deleguemos independientemente de que sean muchas o pocas cosas.

Una vez resuelto el primer problema que no es otro que entender que se es más eficiente delegando tareas que no haciéndolo y el segundo que no es otro que delegar todo aquello que sea posible de manera adecuada al conjunto de personas a la que podamos hacerlo, viene el siguiente problema que es la responsabilidad. La delegación de tareas no debe suponer el desentendimiento de las mismas, sino la posibilidad de poder asignar tareas que se encuentran bajo tu responsabilidad a otras, con el objetivo de que puedas tener más tiempo para hacer aquellas actividades más relevantes de tu trabajo y para que las tareas que se han delegado se puedan realizar con mayor eficacia.

Toda tarea que se delega es responsabilidad de la persona que ha realizado la delegación de la misma y por tanto debe velar porque se ejecute correctamente, debiéndose realizar el seguimiento que sea preciso, dar el apoyo y soporte que sea necesario y asumiendo personalmente cualquier problema vinculado a la misma. Por tanto, delegar no es soltar un marrón, ya que si bien no lo vas a ejecutar directamente, la responsabilidad sobre el mismo siempre va a ser tuya y así te lo va a exigir quien corresponda.