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Archivos diarios: febrero 21, 2010

Ese es el título del libro que me acabo de leer y cuyo autor es Bernabé Tierno. Me ha encantado, ya que me ha proporcionado una visión conjunta de los aspectos psicológicos y biológicos que rigen la conducta de un ser humano. Os recomiendo la lectura del mismo, porque os aportará muchas cosas positivas y os ayudará a conocer mejor a ese ser tan cercano, pero que no por ello suficientemente conocido y que no es otra cosa que nosotros mismos.

Hasta ahora, los distintos libros que había leído de estas características se centraban en el comportamiento y en la psicología, ahora los pone en contexto con los procesos biológicos de nuestro organismo y con nuestra propia naturaleza física y para mi ha sido como encontrar una pieza de puzzle que me ha permitido interconectar determinados conceptos que tenía dispersos y que no terminaba de comprender del todo. Todavía tengo otros muchos sin conectar y sin comprender, pero es lógico, ya que la vida es un continuo aprendizaje y con el paso del tiempo seguiré encontrando más piezas de puzzle, ya sea en libros y/o en la vida misma.

Somos seres vivos, seres humanos, somos química y eso nos condiciona sobre manera, nos contextualiza y provoca reacciones y sentimientos que proceden de nuestro interior de forma inherente a nuestra naturaleza y que afectan a nuestro comportamiento para con nosotros mismos y con los demás. Que nos afecte, no quiere decir que no los podamos controlar de manera consciente o inconsciente, para ello será necesario evolucionar como personas, intentando conocernos mejor a nosotros mismos y a través de ello entender y empatizar mejor con nuestro entorno personal, tanto a las personas que amamos, como al conjunto de personas con la que nos relacionamos.

He hablado de evolución y no de transformación, ya que el desarrollo personal es algo gradual, con altibajos e imperfecto, es decir, que controlemos nuestros actos, nuestras reacciones y reenfoquemos nuestra visión de determinados aspectos de la vida, no quiere decir que caigamos muchas veces en reacciones viscerales, irracionales y nos dejemos llevar por la ira, ya que esto forma parte de nosotros mismos, de nuestra química y debemos respetar nuestra propia naturaleza de ser humano, pero lo importante es que cuanto esto suceda, que como he dicho sucederá en innumerables ocasiones, reflexionemos y aprendamos de ello y extraigamos como conclusión de que para evitar cada vez más este tipo de circunstancias, es necesario seguir evolucionando como seres humanos y trabajando para aprender cada vez más sobre nosotros mismos y sobre los demás.

Cuando Bernabé Tierno titula el libro como “Los pilares de la felicidad”, no lo hace por casualidad, ya que es una constante en ese tipo de literatura y es un hecho absolutamente real, no es ninguna teoría, el principal combustible de un ser humano es la felicidad. Si se es feliz todo lo demás es más fácil, incluso en aquellas situaciones que son muy cuesta arriba se afrontar de otra manera. No existe un índice que mida la felicidad (al menos yo no lo conozco), de hecho, como los altibajos, la felicidad y la infelicidad están interconectadas, ya que es difícil precisar en los límites inferiores de la primera y los límites superiores de la segunda dónde realmente está la frontera. Por tanto, a veces se estará más feliz, otras veces menos y en otras se será infeliz, pero eso la vida misma, una montaña rusa y sea cual sea la situación en la que nos encontremos debemos implementar los mecanismos necesarios para volver a una situación de felicidad.

Según Bernabé Tierno, la felicidad se sustenta en diez pilares: amor, humor, empatía, sabiduría, libertad, salud, motivación, valentía, autocontrol y la fortaleza y grandeza de espíritu, que debidamente desarrollados permitirán conseguir ese estado ideal para el ser humano que no es otro que ser feliz.