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Archivos diarios: febrero 24, 2010

Un error en el que solemos caer muchos (entre los cuales me incluyo) en al ámbito laboral en mayor o menor medida, consiste en considerar cualquier problema que pueda acontecer, ya sea grande o pequeño, de la misma manera. Si todos los problemas los consideramos iguales, estaremos todo el día resolviéndolos o pendientes de que se solucionen, lo cual resulta agotador y estresante, en lugar de realizar tareas mucho más productivas, algunas de las cuales permitirían reducir en un futuro el número de problemas, y de esta forma actuar más de forma proactiva que de forma reactiva y evitar la sensación de estar siempre apagando fuegos que nunca dejan de aparecer.

No quiere decir que no sepamos distinguir un problema importante o urgente de uno que no lo es, casi todo el mundo conoce la diferencia entre ellos, el inconveniente está cuando no existe proporcionalidad entre la envergadura del problema y la atención, los medios y el esfuerzo que se dedican para resolverlo. Es decir, podremos saber priorizar una tarea sobre otra, pero eso no es suficiente, hay que ser conscientes de que un problema importante requerirá más esfuerzo y atención que un problema que no lo es tanto y que si tratamos todos los problemas con la misma intensidad, además de resultar agotador, seguro que impedirá darle el tratamiento que merecen los problemas más urgentes, ya que los recursos que se tengan, por más grande que sean, serán limitados.

Por tanto todos los problemas no son iguales, no todos son urgentes, no todos son un mundo, no todos son catastróficos, cada uno tienes sus características y si conseguimos darle a cada uno, una respuesta adecuada y en su justa medida ganaremos en productividad, reduciendo, además, el esfuerzo.

Incluso habrá problemas a los cuales aplacemos su solución de manera indefinida, ya sea porque aún siendo importantes no se tengan medios para poder darle una respuesta adecuada o porque no tienen la suficiente importancia como para priorizarse sobre otros trabajos más urgentes. Como es lógico, estos aplazamientos no van a dejar contentos a todo el mundo, ya que ante un problema siempre hay alguien que se ve afectado por su no resolución. Entra dentro de nuestro trabajo gestionar de la mejor manera posible este tipo de contingencias y explicar por qué no se atiende una determinada petición, habrá veces que se entienda y otras veces que no, en cualquier caso hay que intentar dar una explicación y si no es compartida, entender que es parte de nuestro trabajo tomar decisiones tomando como base el interés general, lo cual en situaciones concretas no dejará satisfecho a todo el mundo.