archivo

Archivos diarios: abril 19, 2010

Son ya unos cuantos los artículos que he escrito tratando directa o indirectamente este asunto, que tantas veces resultan conflictivos entre un cliente y un proveedor.

Si la valoración viene de fuera, por ejemplo, una propuesta de colaboración de un proveedor, es muy importante que se tenga confianza en el mismo, ya que si es así, probablemente los problemas sean menos e independientemente de que pueda parecer más o menos elevado el precio respecto a las tareas a realizar, no se entrará tanto en discutir unas horas más o menos (siempre y cuando, impere la lógica y no se haya presentado una valoración absolutamente desproporcionada), sobre todo teniendo en cuenta que en la mayoría de los casos será beneficioso un presupuesto holgado, ya que además de evitar bastantes problemas en el desarrollo, permitirá obtener, por regla general, productos de más calidad y que a la postre permitirán ahorrar dinero en un futuro (menos errores, menos mantenimientos correctivos, mejor mantenibilidad del sistema, etc…), compensando ese posible sobrecoste inicial.

Resulta también importante que exista un objetivo o una serie de objetivos concretos en el proyecto, más allá de objetivos generales, ya que estos segundos llevarán a una gestión basada en bolsas de horas. Cierto es que muchas veces se plantean mantenimientos generales y que en estos casos no habrá más remedio que plantear su ejecución mediante una bolsa de horas y los fragmentos de mantenimiento son tan pequeños que no merece la pena, por el esfuerzo que requieren, la valoración individualizada de cada una de las tareas a realizar.

Pese a que no me termina de gustar la gestión basada en bolsas de horas, no necesariamente debe producir malos resultados, al contrario, puede permitir la obtención de resultados excelentes, pero básicamente dependerá mucho del conjunto de técnicos que realizan las tareas, ya que al no establecerse unos límites temporales para la realización de las tareas (salvo que haya una determinada urgencia) se puede tender a una disminución de la productividad.

Hacer valoraciones puede ser sencillo, eso sí, acertar es otra historia. Es difícil atinar porque depende de muchísimas variables, donde de muchas de ellas se desconoce su valor antes de comenzar el proyecto. Se acertará más cuanto mejor se conozca al cliente, su tecnología, sus usuarios, los procesos internos de su departamentos de informática, las posibilidades (talento, compromiso, formación, experiencia, etc…) del equipo que va a trabajar en el proyecto, etc…

En muchos casos, se recurre a realizar primero el análisis del sistema de información, para tener más datos y realizar una valoración más aproximada de lo que costaría la construcción. Es una buena estrategia, siempre y cuando no se demore mucho el proceso de construcción, ya que si así sucediera podría haber cambios significativos en el equipo que participó en la definición del proyecto pudiendo dar lugar a realizar una revisión del análisis (ya que personas distintas pueden tener asociados criterios distintos), lo cual sería dar un paso atrás, con el correspondiente sobrecoste que ello conlleva.

Las valoraciones no son exclusivas de las relaciones cliente/proveedor, ya que en muchos casos, por parte del cliente se determina un coste determinado de un determinado proyecto, sin posibilidad de realizar negociación alguna sobre el precio. En este caso la valoración es de carácter interno por parte del proveedor que deberá determinar en base a ella si es rentable o no participar en el proyecto (también habrá que entrar a valorar si no siendo rentable en el proyecto, puede resultar una inversión de cara a futuras relaciones con ese proveedor o con otros).