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Archivos diarios: junio 7, 2010

Ryan Gavin es el responsable del producto Internet Explorer de Microsoft y en la revista PC Pro ha dejado el titular que utilizo como cabecera de este artículo.

Microsoft es consciente del daño que este navegador les está haciendo, ya que se trata de un producto antiguo (lanzado el 27 de agosto de 2001) que surgió en un momento donde la informática personal e Internet estaban todavía en plena expansión y Windows era el centro en cuento a lo que los sistemas operativos personales se refiere (todavía lo es a día de hoy) y que tardó en tener competencia, lo que hizo que su grado de implantación fuese grandísimo y se desarrollasen multitud de costosas (lo de costosa no tiene que ver con el navegador, sino porque con el auge del uso de la informática en las organizaciones coincidó también con la aparición de este producto) aplicaciones corporativas en las distintas organizaciones que estaban adaptadas a funcionar con él y su particular forma de “entender” la existencia de estándares web.

Desde entonces hasta hoy Internet Explorer 6 se ha ganado mala fama y esa pérdida de imagen en el producto afecta directamente a Microsoft que tiene que competir en todos los niveles con gigantes y no tan gigantes que además de tener buenos productos tienen muy buena consideración entre el grupo de usuarios.

Entiendo que Microsoft y Ryan Gavin, estén preocupados por todo esto y que les encantaría que Internet Explorer 6 desapareciera, pero no está en su mano, ya que las inversiones para migrar aplicaciones a versiones más modernas de navegadores no la tienen que realizar ellos, sino las organizaciones que tienen sus productos orientados a este navegador. Y hablo de inversiones, porque como comenté en el artículo que escribí al respecto, no se trata de un día eliminar las instalaciones de Internet Explorer 6 de todos los equipos y dejar uno o más navegadores más modernos en todos ellos, sino que se trata en sí mismo de un proyecto que se tiene que abordar con cuidado para evitar la pérdida de disponibilidad de las aplicaciones.

Un proyecto sin sponsor es un proyecto que tiene muchas posibilidades de ser un fracaso. Por tanto, mi recomendación es que el proyecto no lleve a cabo si no se tiene la seguridad de que va a ser respaldado por una persona con autoridad suficiente dentro del dominio de aplicación del mismo.

Soy consciente de que es una aseveración bastante radical, pero son tantos los casos en los que he sido testigo directo o indirecto, de sistemas de información correctamente desarrollados, incluso existiendo colaboración de los usuarios, que no han terminado de tener la aceptación que merecían o que esta ha costado mucho trabajo (y en ocasiones también bastante dinero), que he llegado a la conclusión de que no merece la pena desarrollar un producto en estas condiciones.

También puede pasar que el sponsor desaparezca a mitad del proyecto (cambio de la persona que tenía esa responsabilidad, cambio de departamento del proceso o procesos que se quieren informatizar, cambio de prioridades, etc…), en este caso si ya existe inversión no hay más remedio que seguir hacia adelante e intentar que el proyecto salga en las mejores condiciones posibles.

Como he comentado la sponsorización debe ser realizada por una persona o grupo de personas con autoridad dentro del ámbito de aplicación del proyecto, esto es importante destacarlo, ya que si por ejemplo se quiere desarrollar un sistema o realizar un proyecto de carácter horizontal propulsado por un espónsor con una autoridad vertical sobre un ámbito de la organización, el proyecto tendrá también serios problemas para poder llevarse a cabo con éxito, ya que cuando toque la colaboración de las otras unidades y departamentos de la organización, su atención dependerá de las prioridades que tengan y como los responsables de las mismas no esponsorizan el proyecto, probablemente la atención al mismo, salvo excepciones, no será muy buena.

Los que somos clientes de servicios de desarrollo de software, nos habremos encontrado en muchas ocasiones con técnicos del proveedor con comentarios del estilo: “… pues a mi me funciona en mi entorno de desarrollo”, como respuesta a incidencias que se producen en nuestro entorno de pruebas, preproducción o incluso producción.

A mi personalmente cada vez me gusta menos que me hagan ese tipo de comentarios, porque donde tiene que funcionar el software es en los servidores de mi organización y no en la infraestructura de servidores del proveedor o en el servidor de aplicaciones que tenga instalado el técnico en su ordenador.

Con esto no quiero decir que si el software no funciona en los servidores del cliente sea achacable al proveedor, ya que lo mismo se ha entregado un software adecuado, con una documentación de instalación suficiente y el problema se ha producido por técnicos del cliente en el proceso de instalación.

Lo que quiero decir es que cuando no se sepa la causa del problema, no se debe, desde mi punto de vista salir con ese tipo de comentarios o argumentos, sino intentar ayudar a descubrir la raíz del problema. Tampoco quiero decir que el cliente no informe de que en su infraestructura funciona, pero simplemente se debe comentar a efectos informativos y no con un sentido de “búscate la vida que a mi me funciona”.

Está perseguida y si no fuera porque por encima de las políticas están las personas, me atrevería a decir que está en peligro de extinción.

No se valora la productividad, no se valora el cumplimiento de objetivos, no se valora el trabajo bien hecho, sólo se valora estar en tu puesto de trabajo cuantas más horas mejor. Sé que es una aseveración muy generalista y, como toda generalización, puede resultar injusta, pero me parece interesante expresar mi opinión con esa contundencia.

Esta política, basada en calentar sillas, lo que hace además es perjudicar a aquellas personas que son más productivas, ¿por qué motivo?, pues principalmente porque las personas más productivas tienden a terminar sus tareas de manera más efectiva y más rápida, esto hace que les quede hueco dentro de esa jornada laboral para recibir nuevas tareas, pues bien, cuando esas tareas son de larga duración, termina por acumularse para este tipo de trabajadores una gran cantidad de tareas que están latentes, cuando se llega a un número suficiente de ellas sucede que siempre termina por haber “incendios”, urgencias, picos de trabajo en una o varias, lo que hace que ya no sólo sea suficiente la jornada laboral normal para solucionar estos problemas y atender nuevas tareas, sino que empezará a ser necesario un overtime para hacer frente a este trabajo.

Este overtime, puede ser sostenible un tiempo, pero pasado el mismo, producirá en el trabajador un cansancio mental que terminará por mermar su productividad y la capacidad que tenía antaño de sacar más trabajo con calidad por unidad de tiempo y además empezará a plantearse cuestiones como las de si ser productivo es bueno, ya que lo único que le ha reportado ha sido más trabajo y un empeoramiento de su calidad de vida.

No obstante, ¿qué es lo que intenta hacer la gente más productiva para intentar solucionar el problema descrito? pues intentar ser más productiva, de hecho no hay nada más que ver que los blogs sobre productividad son seguidos principalmente por personas que intentar extraer el mayor rendimiento por unidad de tiempo trabajada. Cierto es que se puede mejorar la productividad personal, pero si la organización en la que trabaja no tiene en cuenta el factor productividad como piedra angular de funcionamiento, el problema no se terminará por solucionar, porque al final, por muchos huecos de tiempo que te vaya dejando la eficiencia en la realización de las tareas, siempre se terminarán rellenando por otras y provocar el círculo vicioso al que he hecho referencia anteriormente.

El sistema por tanto perjudica a la productividad, porque insisto, no se suele premiar el rendimiento en el trabajo sino el tiempo que te ven en la oficina (además de otros múltiples factores, cada uno de ellos más alejados de la productividad que el otro).