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Archivos Mensuales: junio 2010

Por regla general, el trabajo de las personas que nos dedicamos a la gestión de proyectos de desarrollo de software depende del trabajo que realizan muchas personas que pueden intervenir intensivamente en nuestros proyectos o bien realizar tareas específicas en el mismo (realización de pruebas funcionales, instalación del software en los diferentes entornos, mantenimiento general de los entornos, atención a usuarios, contratación y gestión administrativa del proyecto, etc…).

Cuanto más fluida y correcta sea la relación con dichas personas (tanto las que participan directamente en el proyecto, como las que realizan tareas esporádicas) más sencillo será gestionar el proyecto, las tareas se realizarán con más agilidad y los cuellos de botella serán más fáciles de despejar.

Todos son importantes y la mejor forma de mantener una relación fluida y correcta es respetar su trabajo, ¿qué a veces no estás conforme como te realizan una tarea?, ¿qué a veces no estás de acuerdo con una decisión que toman? Pues sí, eso pasa y en ocasiones a menudo, pero por regla general hablando se entiende la gente y si no se llega a un acuerdo hay que respetar el área de responsabilidad de la otra persona (como es lógico, hablo en términos generales, a veces es necesario que alguien neutral y en un nivel jerárquico superior tome la decisión, no obstante, hay que intentar que esto sean excepciones, ya que por mucho que sea algo profesional, si se da muy a menudo puede enturbiar las relaciones).

No digo que haya que caer bien a todo el mundo o que todo el mundo te tenga que agradar, no digo eso, de hecho una de las principales cosas que hay que asumir cuando se está en un entorno laboral en el que convives con más gente es que no tienes por qué gustar a todos. Lo que sí vengo a decir es que sí se debe intentar que exista una relación de respeto profesional y que con cuantas más personas y áreas de tu organización y departamento establezcas esa relación, mejor irá todo.

A todo el mundo le gusta que le acaricien el lomo, a unos más a otros menos, pero al fin y al cabo no deja de ser un estimulante del ego y por tanto se tiene cierto apego a que te digan lo bien que lo haces o lo guapo que eres.

Para ser bien considerado en tu organización hay diversas vías, una de ellas es el reverso tenebroso de la productividad o lo que es lo mismo, el peloteo. Lo peor de todo es que en demasiadas ocasiones se premia más al pelota que a aquellos que son más productivos, lo cual deja a las organizaciones donde eso predomina en una posición difícil, ya que el mérito para conseguir mayor reconocimiento salarial, competencias, etc… no es lo bien o mal que hagas tu trabajo, sino lo bien que te consigas relacionar con determinadas personas que pueden resultar clave en tu promoción profesional.

Una de las razones por las que se puede escalar vía peloteo es debido a la falta de cultura de la orientación a los resultados y a la productividad en las organizaciones. Si a quienes tienen la potestad de abrir puertas en lo que a la promoción profesional se refiere, se le pidieran cuentas por decisiones erróneas al respecto, el peloteo tendría menos influencia, ya que si hay algo que se aprecia más que una caricia en el lomo, es el peso de la cartera o la posibilidad de perderla y ya se cuidarían de premiar más a quien se lo merece que en lugar de quien te caiga mejor o te haya puesto más pétalos de rosa bajo tus pies.

Mientras no se evalúen las evaluaciones del evaluador, mientras no se cuestionen las decisiones de quien decide, no se favorece la cultura de la productividad y sí a otras subculturas como la del peloteo que permiten mejorar tus condiciones en la organización con el único mérito de tener el estómago suficiente para aguantar, a veces ni eso, porque cuando ya se tiene asumida esa política de desarrollo profesional estoy seguro que sale como algo natural.

Cada persona que gestiona equipos de trabajo o trata con proveedores tiene una determinada manera de llevar sus relaciones con los mismos en lo que se refiere a la hora de valorar el trabajo que se realiza, hay quienes por sistema utilizan el palo, otros la zanahoria, otros la indiferencia y otros mezclan cada una de ellas en diferentes proporciones.

Yo soy de los que mezclan palos y zanahorias. No suelo utilizar la indiferencia, ya que prefiero que las personas que trabajan conmigo sepan si estoy de acuerdo o no con lo que se está haciendo o con los resultados obtenidos. La indiferencia alimenta la imaginación y lo mismo las conclusiones a la que se llegan son erróneas.

Intento no repartir palos y zanahorias de manera arbitraria, ya que como comento en muchas ocasiones, decisiones arbitrarias producen resultados arbitrarios, sino que cuando muestro mi aprobación o desaprobación por algo es siempre con una base, ¿qué a veces me equivoco? A veces no, muchas, pero mejor así que no decir nunca nada o sin tener ninguna base.

No me gusta repartir palos, me encantaría siempre repartir zanahorias, no solo porque es lo más fácil o cómodo, sino que por mi forma de ser, no me resulta agradable, nada agradable, indicar a personas a la que aprecio que no me ha gustado algo que han hecho.

Reconozco que cuando reparto zanahorias, soy muy efusivo, no puedo remediarlo, forma parte de mi carácter, me gusta ser agradecido con el trabajo bien hecho. Con los palos, depende de muchas circunstancias. Uno de mis grandes defectos y que tengo que poner remedio es que en determinadas ocasiones exagero el palo en función de mi estado de ánimo, en lugar de intentar hacerlo desde una posición más serena, más meditada, actuar como actúo es un gran error, del que soy consciente y por ese motivo tengo que intentar buscar y encontrar una solución.

En aquellas ocasiones en las que el palo o el toque lo doy desde una posición más tranquila, a veces comento que algo no me ha gustado o bien sin decirlo dejo que se lea entre líneas que no me ha gustado cómo se ha efectuado una determinada tarea, normalmente el interlocutor, si me conoce un poco sabe si estoy conforme o no de cómo se ha desarrollado o se está desarrollando un determinado trabajo.

Quiero dejar claro que no estoy siempre dando zanahorias y palos, sólo lo hago cuando creo que hay que hacerlo, el resto del tiempo dejo que se desarrollen las tareas y si tengo que intervenir en algo lo hago, pero sin que ello tenga como consecuencia una zanahoria o un palo.

Esta es mi forma de ver este asunto, ni mucho menos es la mejor o la peor, en cualquier caso creo que todos debemos reflexionar sobre cómo llevamos a cabo la función de reflejar a las personas que realizan trabajos para nosotros, ya que tiene un impacto directo sobre su estado de ánimo, motivación y seguridad.

En la consecución de metas y objetivos, lo realmente valioso y entretenido es el camino que discurre desde el punto de salida a la meta. Es en ese proceso donde tenemos que enfrentarnos a dificultades, a circunstancias que no conocíamos, a situaciones que no nos gustan, a aprender cosas nuevas y a descubrir aspectos positivos que nos permiten seguir creciendo.

Llegar a la meta es superar todo lo anterior y adquirir el conocimiento que nos ofrecen los retos, las equivocaciones, darnos cuenta de que hay mucho más de lo que teníamos en mente, por ese motivo, muchas veces cuando se llega a alcanzar un objetivo no nos parece suficiente, porque realmente la satisfacción, la plenitud no se consigue una vez conseguida la meta, sino que se consigue en cada etapa del camino que lleva hasta la misma.

Ese inconformismo del ser humano, esa continua necesidad de seguir aprendiendo cosas nuevas, vivir experiencias y en definitiva seguir creciendo es lo que nos arrastra a seguir marcándonos nuevos objetivos y metas. Esto explica que queramos más y más y que una vez que alcancemos un hito, nos planteemos cuál será el siguiente al que queremos llegar.

No todos somos iguales, hay quienes tienen el deseo de seguir creciendo y otros que consideran que se lo tienen que tomar con más calma o bien que hasta donde han llegado es suficiente. Todo eso me parece respetable, ya que cada cual debe ser libre para elegir cómo debe ser su proceso de desarrollo personal y profesional, así como para establecer cuál debe ser el ritmo a seguir.

Personalmente me gustan los retos, vivir el proceso, no se trata de inconformismo, no es eso, sino de las ganas de seguir incrementando mi ignorancia, ya que cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo ignorante que soy.

Se puede tener un producto excelente para un mercado en el que haya resultado satisfactoria su elección y además no exista competencia significativa y fracasar.

Para tener éxito con un producto hay que hacer muchas cosas bien y una de ellas es conseguir que tu mercado objetivo te conozca. Si no te conocen no existes, puede parecer algo de sentido común, pero se olvida en demasiadas ocasiones. Si no se conoce tu producto, llegará un competidor que tal vez tenga un producto inferior al tuyo y lo venda (también puede darse lo mismo al revés, es decir, que tengas un producto peor, pero una mejor política de comunicación y marketing haga que el que se venda sea el tuyo).

Tan importante es que te conozcan que la mayoría de los libros que he leído en el que se han tratado temas relacionados con emprender negocios lo sitúan como aspecto más importante tras la elección del mercado y del producto, es más, proponen en muchos casos que antes de elegir un producto en concreto se hagan determinadas pruebas para determinar si el mismo tendría aceptación dentro del mercado y para ello se daría a conocer dicho posible producto mediante anuncios a bajo coste (por ejemplo AdWords) y obtener un feedback de los posibles interesados estableciendo determinadas estrategias.

Dice Steve Jobs que no quiere que se descienda a “una nación de blogueros”, en un guiño a las empresas de medios de comunicación, principalmente escritos. Evidentemente eso lo comenta Steve Jobs, porque comercialmente le conviene tener de aliadas a esas empresas para dotar de mayores contenidos al iPad.

Veo totalmente legítimo que Steve Jobs, vele por los intereses de Apple, al fin y al cabo es su empresa y su proyecto. Lo que sí me parece una metedura de pata es su menosprecio hacia lo que el blog representa y en extensión a todo lo que es la web en la actualidad, es decir, un universo de personas que aportan y comparten contenidos.

Yo pienso que es un error porque si bien los grandes medios tienen dinero, lo realmente importante es la atención y esa atención la damos los ciudadanos de a pie. Ese flujo de dinero importante, que se esperaría obtener por el acceso a esos contenidos “exclusivos” no será nada si la gente dirige su atención a otros tipos de contenidos, teniendo en cuenta que muchas de esas personas son las que de una u otra forma participan en la generación y difusión de contenidos a través de blogs, redes sociales, etc…

Otra de las métricas de Chidamber y Kemerer es WMC. El cálculo para una clase es bastante sencillo ya que es el resultado de la suma de la complejidad de cada método. ¿Qué valor se coge para la complejidad? Pues depende de la convención o implementación que se utilice en cada caso, en unos casos se utiliza como base la complejidad ciclomática, en otros, se asigna el valor 1 como complejidad a cada método, lo que hace que coincida la métrica con el número de métodos de la clase.

Esta métrica además de darnos la complejidad de una clase desde otro punto de vista diferente a las otras propuestas por Chidamber y Kemerer, puede servir de referencia para determinar la capacidad de reutilización de la misma, ya que teóricamente clases con más métodos son más específicas y por tanto de menos utilidad de cara a la reutilización.

En cualquier caso, tanto complejidad general de la clase como su capacidad de reutilización depende sobre todo de las características de los objetos que se quieren implementar con la clase y de la buena codificación que se aplique, ya que también podemos encontrarnos con clases con uno o dos métodos kilométricos que además de resultar bastante complejos de mantener, propicien que la clase no sea útil desde el punto de vista de la reutilización.

Por lo comentado anteriormente, particularmente me parece más acertado ponderar la complejidad de los métodos de una clase por su complejidad ciclomática (o utilizar cualquier otra estrategia para medir la complejidad, como por ejemplo su nivel de acoplamiento con métodos o atributos de otras clases) que darles a todos el mismo peso. La utilización de la complejidad ciclomática tiene también sus desventajas, ya que hace que la métrica real sea esa (la complejidad ciclomática) y no se tenga en cuenta a la hora de realizar la medición el número de métodos real de la clase (cuando puede ser una métrica muy sencilla para analizar el diseño de una clase), es decir, pueden ser métricas complementarias, perdiendo esa complementariedad en el momento en que todo se convierte en complejidad ciclomática.