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Archivos diarios: julio 6, 2010

Cada vez doy más peso a las reflexiones que a los consejos, ya sea los que puedo dar yo o lo que me pueden dar, ya sea solicitándomelos o solicitándolos yo. No es cuestión de que el consejo sea más o menos bueno o efectivo, no es cuestión de que ofrezca mejores o peores resultados, sino que los consejos no terminan por consolidarse, ya que proceden de fuentes externas a ti y aunque sirvan, como es algo que no está interiorizado, se diluye.

Además quienes dan o damos consejos corremos el riesgo que si no se cumple lo que se espera con él, acarreémos con la culpa del mismo y esto es así en mayor o menor medida aunque nos lo hayan solicitado.

Es cierto que se puede interpretar muchas de las cosas que digo en mi blog como consejos, incluso he utilizado muchas veces esa palabra y es seguro que la seguiré usando, pero realmente mi objetivo no es ese sino provocar la reflexión porque a través de ella sí es posible seguir creciendo aún estando diametralmente en desacuerdo con lo que puedo comentar. El simple hecho de confrontar una visión con otra y pensar en ello, permite por un lado revisar las aristas de tu propia visión y lo mismo encuentras aspectos que no has tenido en cuenta o que son perfeccionables.

Reconozco que hay veces que me cuesta leer en algún libro cosas contrarias a lo que pienso o tengo establecido y aunque no terminen por convencerme sí que me ofrecen puntos de vista más amplios y descubrir que hay más caminos que los que conozco y muchos más que todavía no he descubierto.

La reflexión sí es más persistente, ya que procede de uno mismo independientemente de que haya sido provocada por un agente externo, los consejos se dan y se pueden aplicar o no, pero no terminan muchas veces por ser meditados y realmente creer en lo que se hace, algo que es clave para aprender de ellos.

Aunque pueda parecerlo por el primer párrafo de este artículo, no se trata de hablar en extremos, es decir, no es cuestión de que dar consejos sea malo y fomentar la reflexión sea bueno, sino en indicar que el consejo puede ser más inmediato y fugaz y la reflexión algo más a largo plazo y duradera.

Un buen consejo en un momento dado puede ahorrarte muchos problemas, no hay que rechazarlos así como así, hay que valorar quién te lo ha dado y antes de hacer caso o no es importante pensar si es lo que conviene o no. Si se aplica y no funciona, echaremos como comenté antes, muchas veces la culpa a quien nos lo ha dado, cuando en realidad los únicos culpables somos nosotros que hemos sido los que tomamos la decisión de seguirlo y los que tal vez no hemos reflexionado lo suficiente.

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