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Archivos diarios: julio 28, 2010

Si las cosas no marchan y llevan un tiempo sin marchar no es cuestión de casualidades o coyunturas, sino de que hay problemas, tal vez repartidos en diferentes áreas, que si no se analizan, encuentran y solucionan, provocarán que la situación no solo no mejore sino que cada vez funcione peor y en consecuencia se obtengan peores resultados. Una organización no puede soportar malos resultados mucho tiempo y quienes sufrirán sus consecuencias serán sus propios empleados.

Para cambiar, lo primero que hay que hacer es detectar qué está fallando, probablemente estén fallando bastantes cosas, no hay que engañarse con esto, cuando algo va mal, es porque hay más cosas que van mal que cosas que van bien. Pensar que el problema es por algún elemento aislado es un error. Esto implica que hay que hacer un análisis en profundidad con una visión de autocrítica y dejando al lado los sentimientos (después los puedes recuperar a la hora de tomar las decisiones, pero el análisis requiere ser frío si se quieren obtener resultados objetivos).

Es importante que el análisis se base en lo posible en métricas objetivas, ya que el análisis sobre lo que se ha podido medir tendrá más fundamento que el realizado sobre lo que no se ha podido medir. Las mediciones puede ser matizables, pero son datos cuantitativos. Lo cualitativo siempre depende de la percepción del que cualifica y las fronteras entre las partes discretas en que se divida son siempre difusas.

El análisis permitirá poner sobre la mesa una serie de aspectos que funcionan regular, mal y muy mal (no se garantiza que todo lo que no vaya bien se encuentre y tampoco que haya cosas que no van tan mal que parezca que lo están, pero la imposibilidad de un análisis perfecto no merma su utilidad, ya que cuantas más situaciones que no vayan bien se detecten y arreglen más fácil será que los resultados cambien su signo y en consecuencia la maquinaria en su conjunto vaya mejor).

Una vez puestos sobre la mesa hay que tomar decisiones (ahí sí pueden entrar los sentimientos y valoraciones subjetivas, pero hay que tener en cuenta que si el sentimiento predomina sobre lo racional, las decisiones serán menos efectivas o incluso inútiles, también hay que tener en cuenta que si todo se basa en lo racional y no hay ningún sentimiento, la organización pierde algo de su espíritu y se convierte en una máquina más, en una corporación más. Desde mi punto de vista debe predominar siempre y con amplio margen lo racional y analizar algunas circunstancias desde el sentimiento (solo algunas).

La toma de decisiones sin analizar los problemas de fondo es ir a ciegas, puede que se acierte alguna decisión, pero difícilmente se conseguirá resolver algo que no se sabe que es. Toda solución es resultado de la existencia de un problema previo, si no conoces el enunciado difícilmente podrás dar la solución que requiere el problema.

Se tendrán que tomar decisiones dolorosas, se tendrán que reorganizar algunas áreas de la organización, se deberán replantear estrategias, todo a favor del interés general de la organización, que también será el bien general de los empleados. Lo que no funciona hay que arreglarlo y no se arregla solo, necesita de la toma de decisiones. Esta toma de decisiones difíciles (y valientes) están en el sueldo de quienes tienen que tomarlas, si no están dispuestos a tomarlas es que no están capacitados para ocupar el puesto que ocupan y por tanto son un problema más de los tantos que hay que arreglar.

Dejar que las cosas se arreglen por pura inercia es dejar que se arreglen en manos de la casualidad y creo realmente que ese no es el camino, en un mundo competitivo, dinámico y variable como en el que vivimos ganan quienes mejor se adapten a él, a sus cambios y los de los que conviven en él. Si una organización te saca ventaja, va a intentar doblarla, nunca se va a relajar esperando a que te pongas a su altura. Es cuestión de supervivencia.