Relojes blandos

Este verano he tenido la oportunidad de visitar el Teatro-Museo de Salvador Dalí en Figueras, actividad que recomiendo a todo el que pueda, eso sí, salvo que se conozca bien la obra de Dalí es preferible hacer la visita con guía (cosa que, por ejemplo, hice yo).

Allí se tiene la posibilidad de poder contemplar muchas de las obras de este genio. Una de las más conocidas es la reproducción del cuadro “La persistencia de la memoria”, también llamado comúnmente como “Los relojes blandos”.

Me llamó mucho la atención el mismo. Lo había visto antes, pero aunque fuera una reproducción, verlo de cerca y tras la explicación del guía, tomé otra perspectiva del mismo. Creo que no es posible reflejar mejor qué significa realmente el tiempo en nuestras vidas tanto en su impacto sobre la memoria como en nuestro día a día.

El tiempo no es una magnitud absoluta en el universo, es decir, en todo el universo no estamos en el año 2010, el tiempo es relativo y aunque en nuestra existencia sea algo lineal en la que los segundos, los minutos y las horas miden lo mismo no es así en la percepción que nosotros tenemos de ese tiempo. Una hora dura sesenta minutos pero una hora pueden parecer dos o diez horas o tal vez un instante en función de lo que se esté haciendo. Cuando estamos haciendo una tarea con intensidad o viviendo una experiencia maravillosa el tiempo se acelera, cuando una tarea nos parece aburrida o no nos interesa el tiempo se frena y sin embargo en ambos casos ha transcurrido el mismo instante real de tiempo. Por tanto el tiempo realmente es blando tanto a nivel universal como a nivel de cada uno de nosotros, el tiempo es, por tanto, lo que cada uno siente que sea.

Esta idea es perfectamente válida en el ámbito de la productividad. Cuando estamos haciendo algo que realmente nos interesa, con lo que estamos comprometidos, que nos supone un reto, el tiempo no es un obstáculo porque realmente la sensación que tenemos respecto al que ha transcurrido no es lineal y esto no solo permite obtener mayores y mejores resultados por unidad de tiempo sino que permite incrementar nuestra dedicación sin que necesariamente merme nuestra capacidad (salvo que sean actividades que se prolonguen durante un tiempo excesivo tanto desde la perspectiva de un día concreto o en un período más largo de tiempo, en el primer caso porque el cansancio se producirá en cualquier caso y en el segundo porque se empezarán a echar de menos otras actividades que también necesitamos para sentirnos bien).

La memoria también es blanda, el tiempo la deforma, así como el instante en que se recuerda añade o quita matices, pudiendo cambiar el enfoque y teñir con más luces o con más sombras lo que realmente ocurrió.

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