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Archivos diarios: septiembre 5, 2010

Si bien la inmensa mayoría de todos nosotros tiene un embudo en los ojos, de manera que tendemos a maximizar errores o defectos de los demás, obviando, minimizando o ignorando los propios, también es muy frecuente que muchos de nosotros tengamos otro embudo hacia nuestro interior en el que se maximicen los méritos de los demás, se minimicen los nuestros, entienda que realmente los defectos de los demás son por las circunstancias y que los nuestros son estructurales.

Algunos (muchos, tal vez todos) los que hayáis leído el anterior párrafo estaréis pensando: “ha incurrido en una contradicción, ¿cómo es posible que convivan dos embudos que producen resultados contrarios?”, pues es posible, los seres humanos somos así, es decir, somos capaces de ver la paja en el ojo ajeno, pero internamente, en lo más profundo de nosotros, lo que realmente nos importa son nuestras carencias, nuestros fallos. Podemos ser jueces severos con los demás, pero nadie es tan implacable con nosotros como nosotros mismos.

Cada persona es diferente, habrá quienes sean conscientes de que tengan dos embudos, otros que crean que tienen uno y otros que ninguno. No es cuestión de convencer a nadie de nada, cada uno es como es y cada uno tiene una perspectiva diferente de lo que le rodea. En cualquier caso, encontremos donde nos encontremos y estemos donde estemos, tenemos siempre la posibilidad de darle la vuelta a todo y cambiar la forma en la que vemos las cosas tanto hacia afuera como hacia adentro y ser más justos y objetivos con los demás y con nosotros mismos y si hubiera que priorizar, sobre todo, aprender a querernos y a respetarnos mucho más de lo que lo hacemos, a entender y valorar nuestras limitaciones (cada limitación es una oportunidad de mejorar), a comprender que tenemos derecho a equivocarnos y a descubrir que somos únicos, algo que resulta maravilloso, porque con nuestras virtudes (más de las que creemos) y nuestros defectos (menos de los que pensamos) somos inimitables.