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Archivos diarios: septiembre 6, 2010

“Nosotros cobramos acorde a lo que factura el negocio del fútbol” es una respuesta muy repetida en los futbolistas cuando se les pregunta si piensan que ganan demasiado.

Tras ella hay un gran error, porque si bien los ingresos son importantes, más importante son los beneficios. Si se gasta más de lo que se ingresa, de nada vale lo que entra en la caja.

Por tanto, si cogemos los balances de los clubes de fútbol de categoría profesional se podrá apreciar que la mayoría presentan pérdidas (y algunas de ellas lo suficientemente importantes como para haber acudido a un concurso de acreedores), por lo que si los futbolistas que se consideran, y con razón, los protagonistas de todo esto, deberían tener en cuenta que su salario debería estar acorde con la posibilidad de obtener beneficios (o al menos quedarse a la par) por parte de las entidades a las que pertenecen.

Los futbolistas tendrán razón en decir que ellos cobran los que los clubes están dispuestos a ofrecerles y es cierto, los principales culpables de estos salarios son quienes están dispuestos a pagarlos, pero eso no quita que me produzca algo de urticaria cuando se habla de que se cobra lo que el negocio del fútbol genera, ya que efectivamente, se genera mucho dinero, pero no el suficiente para mantener ese nivel tan alto, de lo contrario los futbolistas ganarían mucha pasta, los equipos no tendrían pérdidas y todos felices y contentos.

No digo que la culpa de todo la tenga el salario de los futbolistas, aunque supongan un porcentaje importante del presupuesto de los equipos, ya que evidentemente tras el éxito o el fracaso económico está la gestión de los dirigentes del fútbol que son los que gestionan los ingresos y toman las decisiones sobre las inversiones y gastos. En última instancia son ellos los que deciden qué se hace con el dinero que entra.

Soy muy aficionado al fútbol y pienso que es totalmente compatible lo que digo con gustarme este deporte. Yo consumo y pago fútbol, es un espectáculo o divertimento más, lo cual no quita que piense que gran parte de la estructura que lo sustenta está mantenida con alambres y que se vive por encima de las posibilidades reales.

He utilizado el fútbol como un ejemplo de que los ingresos no justifican nada. Es absolutamente necesario que toda empresa para subsistir tenga ingresos, pero después hay que saber gestionarlos y saber gestionar adecuadamente toda la maquinaria productiva y de negocio para de esta forma seguir teniendo ingresos (y a ser posible aumentarlos) reduciendo en lo posible los gastos comunes y de producción para de esta forma tener un margen de beneficios aceptable.

Ya lo dijo Séneca: “Si no sabes hacia qué puerto estás navegando, ningún viento es bueno”.

Como personas o como organización necesitamos objetivos, ya que para llegar a un sitio hay que saber en primer lugar cómo se llama y dónde está.

Si no concretamos dónde queremos ir y nos limitamos a caminar sin rumbo por mucho que lleguemos a diferentes lugares no sabremos si hemos llegado a nuestro destino deseado porque entre otras cosas no lo hemos decidido, ya que se ha elegido caminar y caminar y seguir caminando, sin enfocar el esfuerzo a nada más que a seguir de pie. No es poco continuar erguido, pero las fuerzas flaquearán ya que al no fijar un destino siempre tendremos la sensación de que no vamos a ninguna parte y sin referencias no podremos dosificarnos y sin ver un horizonte terminaremos desmotivados.

Tan importante es saber a dónde se quiere ir en cada momento (tendremos distintas metas y cuando alcancemos unas, nos plantearemos la siguiente) cómo de dónde partimos. Es fundamental saber dónde estamos ya que la dirección y el sentido son distintos en función de dónde nos encontremos.

Tenemos que saber cuáles son nuestros objetivos para eso hay que analizar qué es lo que queremos, para alcanzarlos tenemos que saber desde dónde se sale, cuáles son nuestros medios actuales y en función de eso plantearnos una serie de actuaciones que nos lleven desde donde estamos hasta donde queremos ir, algunas de ellas las trazaremos y se convertirán en una serie de hitos que cumpliendo uno tras otro nos llevará hasta el destino (como si de miguitas de pan se tratase) y otras vendrán porque sí, sin saberlo, pero que llegarán a nosotros o nosotros iremos hacia ellas simplemente porque tenemos objetivos.