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Archivos diarios: septiembre 8, 2010

En el desarrollo de software el verdadero capital está en las personas ya que los instrumentos que necesitan para realizar su trabajo están al alcance de cualquier organización.

Esas personas son las que tienen el conocimiento y el mismo viaja con ellas y no se queda en la empresa. Es cierto que se puede amortiguar la marcha de ciertas personas mediante una política de funcionamiento basada en procesos (se trabaja de una determinada manera independientemente de quién esté) y en la gestión del conocimiento, pero es igualmente cierto que no hay dos personas iguales y que la pérdida de varios activos importantes puede suponer mucho más que contratar el mismo número de personas que se han ido, ya que la clave no es tanto la cantidad como la calidad y pienso que no exagero si digo que, a veces, sustituir a tres o cuatro personas por siete u ocho además de ser seguro más caro no conseguirá paliar la marcha ni siquiera a medio plazo.

Nadie es imprescindible, es algo de lo que me di cuenta muy pronto en este mundillo, y todo el mundo es sustituible, lo que hay que poner en la balanza es lo que cuesta eso en el caso de que determinados recursos se vayan y lo que cuesta no es solo el sueldo de los que llegan.

Retener a las personas con talento y/o con compromiso (todo compromiso tiene un límite) requiere un esfuerzo por parte de las organizaciones en todos los sentidos, desde luego en el económico que aunque no sea lo más importante sí que tiene un peso importante (más importante del que se piensa, ya que en gran medida muchas de las cosas que podemos hacer fuera del trabajo cuestan dinero, no se trata de hacer rico al trabajador, sino de que sienta su esfuerzo recompensado teniendo en cuenta el salario medio para un perfil concreto en el mercado, en la organización y su rendimiento) y también en el hecho de que el trabajador se sienta a gusto en la organización, para esto último es fundamental un buen ambiente de trabajo (aunque eso sea complicado de generalizar ya que para esto cada persona es un mundo) y sobre todo que el trato con los empleados sea justo y objetivo, es decir, que los méritos, la carrera, los aumentos, etc… estén acordes a los resultados que se obtienen tanto a nivel individual como de la aportación de esa persona a los equipos de trabajo en los que participa (es importante la participación individual, pero más si cabe si la participación de una persona en su equipo de trabajo permite ese objetivo tan importante en el trabajo en equipo y es que la suma de la aportación del conjunto de personas que participan en él es mayor que la aportación que tendría cada uno por separado).

En el caso de que el personal valioso se vaya de la organización tiene un doble castigo, además del coste añadido que tiene y del que he hablado anteriormente, está el hecho de que esta persona lleva consigo todo su conocimiento a la competencia, es decir, tu organización se hace más débil a la vez que hace más fuerte a quienes compiten contigo en el mercado. Esto hace que para sobrevivir a una pérdida de talento y/o compromiso importante hay que tener una estructura fuerte y aún así estaría por ver cómo afectaría a corto y medio plazo esta sacudida.