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Archivos diarios: octubre 5, 2010

El único combustible de larga duración de la productividad somos nosotros mismos. Nuestra visión sobre el trabajo, sobre lo que creemos que debemos hacer y comportarnos y los objetivos personales que nos fijemos son el verdadero motor de nuestros actos en el ámbito laboral y lo que nos ayudará a continuar de esta forma. También nuestra formación y experiencia personal y profesional contribuirán a su durabilidad.

Hay acelerantes de la productividad, como por ejemplo notar que se consiguen resultados, el reconocimiento, la consecución de objetivos parciales o finales, etc… que incrementan la motivación y como consecuencia la productividad. Estas circunstancias son como chispas, pueden incrementar nuestra productividad un tiempo, pero una vez pasado su efecto se volverá al estado anterior (en el mejor de los casos) ya que en ocasiones estos subidones tienen como efecto secundario su adicción de manera que si no sentimos una de estas circunstancias puede ocurrir que entremos en un bucle de dudas (¿lo estaré haciendo bien?, ¿sirve para algo todo esto?, ¿por qué me cuesta tanto sacar adelante esta tarea?, ¿por qué ahora no me dicen que les gusta lo que hago?, etc…) que dará lugar a una reducción de nuestro rendimiento, principalmente por una pérdida de confianza en nosotros mismos (algo totalmente injustificado ya que la confianza no es algo que transmita un virus o nos llegue por ósmosis, la confianza nos la creamos nosotros mismos y nadie más, por mucho que nos digan que hacemos bien o mal nuestro trabajo, la única valoración que debe valer para nuestras tareas es la que nos hagamos nosotros mismos y cada uno de nosotros sabemos si hemos podido dar en un proyecto o en una tarea todo lo que se podía acorde a las circunstancias individuales de cada uno y del contexto del trabajo encomendado).

También hay retardantes de la productividad como el hecho de que no se valore de manera objetiva o justa nuestro trabajo de manera que impida la consecución de determinados hitos u objetivos personales, como por ejemplo, ascensos, mejoras de las condiciones laborales, aumentos de sueldo, etc… Cada uno de nosotros conoce perfectamente, tal y como he comentado en el párrafo anterior lo que nos merecemos en el ámbito laboral, para ello es necesario hacer autocrítica y mirar con una visión imparcial hacia afuera (lo mismo he trabajado bien, pero hay otros que lo han hecho mejor, lo mismo he trabajado bien pero las circunstancias de la organización no me permiten cumplir los objetivos). Si percibimos que se ha sido injusto con nosotros, eso crea desmotivación y desconfianza lo que tendrá efectos negativos en la productividad (y más duraderos que la chispa que mencionaba anteriormente, ya que la rabia tarda más en eliminarse). Al final, para alcanzar de nuevo el equilibrio ya sea en la misma organización o en otra (si se decide cambiar de aires al no atisbar vías de solución) es siempre importante la existencia de esa base personal que constituye la productividad de cada individuo.