archivo

Archivos diarios: octubre 28, 2010

“Lo importante es entregar el producto y cuanto antes mejor, después que pase lo que tenga que pasar… si es que pasa algo”.

Esto no es solo un pensamiento que tienen algunos proveedores de desarrollo de software sino que en muchos casos se convierte en una realidad. Es cierto que a veces no pasa nada, pero desde mi punto de vista es tentar mucho la suerte.

Es posible que el proyecto se entregue sin unos mínimos de calidad (en alguno o en muchos aspectos del proyecto) y que entre unas cosas y otra no se exija la garantía o no se pidan responsabilidades, pero tarde o temprano la aplicación que se ha entregado termina explotando, ya sea porque no funciona bien, porque algún requisito no funcional (sobre todo el rendimiento) afecta al correcto desempeño de los usuarios con la aplicación o porque después el mantenimiento del sistema es complicado y requiere un esfuerzo importante al tener mucha deuda técnica (o se dan todas esas circunstancias juntas y algunas más).

Cuando suceden estos problemas la confianza del cliente con respecto al proveedor se perderá y como es lógico la existencia de relaciones comerciales entre uno y otro se complicarán, es decir, lo mismo el proyecto ha salido rentable, pero lo mismo es difícil que eso vuelva a suceder con el mismo cliente.

Por otro lado, si se quiere conservar unas relaciones aceptables con el cliente o este tras la entrega empieza a tirar de la garantía tocará tirar partes de la aplicación y volverlas a hacer, lo que se puede convertir en una auténtica tortura ya que en muchos casos el sistema se habrá pasado a producción, por lo que los cambios serán urgentes y la exigente demanda de los usuarios marcará todo el proceso de mantenimiento correctivo, lo que provocará, al menos durante un tiempo, que el proyecto esté en una continúa situación de crisis, algo que es muy poco satisfactorio ya que lleva a trabajar un mayor número de horas, con mucha presión y los problemas terminan ocultando el buen trabajo que puede estar haciendo.

Al final, no hacer las cosas bien y querer tirar hacia adelante para preservar los beneficios del proyecto (o que las pérdidas no crezcan en demasía) termina costando más dinero que si se hubiera decidido hacer las cosas bien. Siempre es mejor intentar negociar con el cliente que tirar por la calle del medio, ya que a veces sale bien, pero las más, no tienen resultados positivos a corto, medio o largo plazo.