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Archivos diarios: noviembre 23, 2010

Si realmente se quieren modificar determinados hábitos en el trabajo es necesario que se incluyan dentro de los procedimientos, de lo contrario se deja a la buena voluntad de los empleados que se llegue a buen puerto y esto tiene el peligro de que al ser algo secundario, finalmente, aunque se pueda estar de acuerdo con las nuevas medidas a adoptar, se centren los esfuerzos en lo importante, en lo urgente y en lo que sea obligatorio.

Por ejemplo, supongamos que los responsables de una empresa de desarrollo de software toman la decisión de establecer una serie de medidas para mejorar la calidad del producto que entregan. Ante esto se podría tomar la determinación de dar a conocer al personal una serie de buenas prácticas y de indicarles que a partir de ahora deben aplicarlas en sus proyectos. ¿Alguien cree realmente que se van a llevar a cabo si no existe un mecanismo de control que verifique que esto es así y/o no se implantan determinadas soluciones que apoyen a este proceso?, es decir, si los desarrolladores saben que periódicamente o antes de la entrega existe un procedimiento en la empresa que obliga a entregar el producto para ser revisado y que el resultado de la revisión tiene repercusiones a corto, medio o largo plazo seguro que será mucho más efectivo.

Además será necesario que se aporten medios para llevar a cabo estos nuevos procedimientos o los procedimientos ya implantados que han incrementado su alcance, siempre y cuando estos obliguen a realizar ciertas actuaciones que impliquen un esfuerzo y que éste no se vea compensado en fases posteriores del proyecto. Cierto es que no siempre será posible ofrecer estos medios, ya sean parcial o totalmente. Si esto sucede y el esfuerzo que se exige es superior al que se puede asumir, correrá riesgo no ya solo que el procedimiento se lleve a cabo adecuadamente sino que terminará afectando a otros.

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