Pérdida de motivación: Las semanas de dos días y medio

Cuando se llega a la situación en la que los días que realmente nos importan son el viernes (por la tarde), el sábado y el domingo, debe ser motivo de reflexión.

Todos hemos pasado por esas circunstancias y lo más probable es que en el futuro volvamos a pasar por ellas. Nuestra relación con el trabajo no es constante, va pasando por altibajos y lo que hoy nos parece maravilloso, mañana nos parecerá todo lo contrario, y viceversa.

El problema está cuando los períodos en que nos encontramos incómodos duran más que los otros o parecen no tener fin. Es en estas circunstancias cuando debemos poner encima de la mesa las ventajas e inconvenientes de buscar un nuevo rumbo profesional, teniendo en cuenta que si nuestras semanas duran dos días y medio, estamos desperdiciando la mayor parte de la misma.

Para las empresas, tener empleados así (más de los que creen, de una u otra manera se encuentran en esa situación) es un auténtico problema porque el nivel de productividad medio de los mismos irá disminuyendo paulatinamente. Habrá casos donde el causante no sea la organización, sino el propio empleado, ya sea porque no se ha conseguido integrar, sus expectativas no se han visto satisfechas, tiene circunstancias extralaborales que lo distraen, etc…, pero habrá otros casos donde la organización (o los responsables de área de la misma) sea la que ataque a la línea de flotación de la motivación de los empleados y generalmente a los que más afecta son aquellos que presentan un mayor grado de compromiso y productividad, por lo que si ya de por sí provoca un problema, lo que hace es agravarlo.

A los empleados nos mueve el dinero, no nos engañemos, trabajamos a cambio de un sueldo y cuánto más sea mejor. Por tanto el factor económico es importante. No obstante, no se trata tanto del dinero que entra cada mes en el banco, como de las posibilidades de ir mejorando en ese aspecto, es decir, lo mismo hoy no cobro mucho, pero en la organización tengo las expectativas de una carrera profesional que me permitirá ir mejorando periódicamente mi poder adquisitivo y eso me motiva a hacer mi trabajo de la mejor manera posible porque sé que voy a obtener una recompensa por ello.

Cuando una organización no proporciona una carrera profesional clara: los escalones y/o los méritos para subir en ellos no son transparentes o simplemente no existe carrera profesional, la institución se encuentra con un problema más pronto que tarde y es que tendrá unos niveles de rotación importantes en determinados tipos de puestos que traerán problemas tanto a corto plazo (empleados desmotivados) como a medio y largo plazo (pérdida de capital humano).

Otro factor de desmotivación importante es la pérdida de objetividad en la toma de decisiones con respecto a los recursos humanos. Los empleados de niveles similares en la jerarquía conocen directa o indirectamente las circunstancias, desempeño y productividad de aquellos que les rodean. Cuando éstos empiezan a ver que las decisiones que se toman son arbitrarias, sin tener en cuenta valores objetivos de productividad, eficiencia y compromiso, llegarán a la conclusión de que a los rectores que tienen que tomar decisiones no se orientan por los resultados y por cómo se consiguen, sino que se basarán en otros tipos de variables que lo mismo para ellos son fundamentales (y las mejores) pero que para el personal son funestas.

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