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Archivos Mensuales: febrero 2011

Acabo de terminar de leer “El beneficio”. Me ha parecido muy interesante las siguientes conclusiones:

– Cada persona es un mundo y que para poder obtener su mayor rendimiento hay que saber cómo conectar con cada uno de ellas.

– Una organización es una maquinaria compleja, que necesita que las diversas partes que la componen (departamentos) funcionen adecuadamente y de manera coordinada y así sucesivamente hasta que se llegue al nivel de las personas.

– Una buena o mala gestión por parte de la dirección de la organización y de los departamentos condicionan el funcionamiento general, más de lo que podamos pensar.

Libro muy interesante y que se lee muy fácil, por tanto, si tenéis la oportunidad os aconsejo su lectura.

Muchas veces, cuando las cosas van mal, cuando existen problemas, se tiende a ocultar la información hacia los superiores (o a dar información que no es cierta, que es todavía peor).

Eso es un gran error, puede que alguna vez resuelvas el marrón y nadie se entere, pero si no lo consigues (y no siempre podrás porque en muchas ocasiones no dependerá de ti) y el problema llega hacia arriba, te enfrentas a una situación mucho más difícil, ya que te reprocharán, y con razón, de por qué no has informado y además el problema probablemente haya engordado.

Dentro de tus funciones se encuentra la resolución de contingencias pero también está dentro de tus responsabilidades informar a tus superiores cuando detectes que un problema puede ir a más porque ellos no pueden ni deben encontrarse por sorpresa y sin margen de reacción con el problema sobre la mesa.

Se tiende a cargar de trabajo a las personas más productivas de una organización hasta que se supera el umbral que pueden soportar. Cuando esto se produce la única forma que tienen de sacar el trabajo adelante es invirtiendo más horas. Como también existe un límite para el sobreesfuerzo, llegará un momento donde no se pueda seguir obteniendo la misma calidad en los resultados y se incumplan los plazos.

Resultado: se tiene a personas cansadas y que empiezan a desmotivarse y que se preguntarán con cada vez más insistencia, ¿por qué me piden que esté en todos lados y no se le exige eso a otros?.

En eso caemos todos, cuando hay un problema siempre tendemos a asignárselo a quienes sabemos que lo va a sacar adelante de la mejor manera posible, pero si siempre son los mismos, tendríamos que plantearnos por qué el resto del equipo no funciona igual (o, al menos, parecido) y si es mejorable de alguna manera su contribución o hay que hacer sustituciones en el mismo.

Por otro lado, es necesario ser objetivos con aquellas personas que nos sacan las castañas del fuego una y otra vez, que se sienten parte del equipo y permitirles un desarrollo profesional acorde a todo lo que están aportando.

Critico a las organizaciones que ignoran a los empleados, que los trata como números, como meros instrumentos y todavía más a aquellas que además de lo anterior no basan el desarrollo profesional de sus empleados en sus méritos y sí en criterios subjetivos.

No sería justo que criticase esto y que no lo hiciera cuando es el empleado el que pone sus intereses individuales sobre los de su organización y en consecuencia también sobre sus compañeros. Podría haber una cierta justificación (aunque yo no la comparta) si la organización te tratase como he descrito en el primer párrafo y/o tus condiciones laborales fueran penosas.

Cuando en una organización los empleados van a su aire, no respetan a sus compañeros (respetar no consiste solo en tener un buen trato personal) es un síntoma de que las cosas van a empezar a ir mal o ya lo están. Si no se corta el problema de raíz, todo tenderá a empeorar, ya que los individualismos serán cada vez más acusados y terminarán desmotivando a cada vez un mayor número de empleados que entienden el trabajo de manera distinta, en el que efectivamente pueden ir desarrollándose y cumpliendo objetivos individuales pero entendiendo y respetando que es posible hacerlo en sintonía con los objetivos de la organización.

Si te olvidas del cliente no esperes que él se acuerde de ti. La vida suele funcionar así, tanto das, tanto recibes. Si desarrollas productos o prestas servicios de mala calidad, pensando siempre en la cuenta de resultados, tendrás pan hoy (con mucho sufrimiento, ya que el proyecto será fuente de problemas continuos con el cliente) pero lo más probable es que mañana solo te queden migajas o el recuerdo de esos días de vino y rosas.

Las empresas viven de sus clientes por lo que si no los cuidas te quedas sin combustible, sin capacidad económica para sobrevivir y los castillos vuelven a convertirse en arena. No se puede pensar en hacer rentables los proyectos a costa del cliente, si existen problemas de productividad, de metodología, de gestión o cualquiera de las decenas que puede haber en una organización y que afectan directamente al resultado de los trabajos y al esfuerzo que se emplean en ellos, no se deben repercutir sobre quien te ha contratado un producto o un servicio, sino que si la culpa es tuya, tienes que asumirla y preocuparte por mejorar o arreglar lo que no funciona.

Se dice que más vale tarde que nunca y estoy totalmente de acuerdo. Lo que pasa es que en muchas ocasiones se llega demasiado tarde y cuando esto sucede, las soluciones que se intentan aplicar, incluso siendo óptimas, lo mismo no consiguen darle la vuelta al problema que se intenta resolver.

A veces se llega tarde sin darnos cuenta, los problemas del día a día nos impiden ver que paso a paso nos vamos a una situación de difícil vuelta a atrás. El hecho de que no nos demos cuenta no nos exime de responsabilidad porque deberíamos haber dado en más de un momento un paso atrás, tomar perspectiva de cómo nos va todo, detectar los problemas e intentar ponerle soluciones.

Otras veces se llega tarde porque simplemente nos hemos dejado ir, pensando que una fuerza mágica nos va a resolver los problemas. Es curioso, pero a veces funciona, pero menos, mucho menos de lo que se piensa. Los problemas se resuelven a través del trabajo e intentando aplicar soluciones, cualquier otra cosa es casualidad y no creo que sea lo mejor dejar que aspectos importantes queden en manos del aire.

Nos esforzaremos, seremos metódicos y a veces seguiremos llegando tarde, no se trata de ser infalibles sino de ser conscientes de que podemos reducir las veces que ocurren estas contingencias, que está en nuestra mano y que si nos dejamos ir o esperamos que sean otros los que resuelvan nuestros problemas, probablemente se incrementará el número de veces que llegaremos tarde o lo que es todavía peor, que no lleguemos.

Si se actúa con previsión, si se levanta la vista del suelo, es posible que la mayor parte de posibles problemas que puedan existir en una organización, en un departamento o en un proyecto, puedan ser atajados a tiempo o como mínimo ver minimizados su impacto.

Sin embargo, el miedo a tomar decisiones, un mal análisis de la situación presente y una mala previsión de la futura, una mala elección de prioridades, el inmovilismo, el hacer oídos sordos a quien conoce de primera mano un problema, son responsables de que un problema termine por materializarse y lo que es peor, que termine por explotar y tenga un impacto importante.