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Archivos diarios: febrero 1, 2011

La consultoría es un tipo de trabajo que se ha ganado mala fama. En muchos casos se asocia a un conjunto de papeles, elaborados por un encorbatado que viene a demostrarte lo mal que lo estás haciendo y lo bien que lo sabe hacer él, y que intentan arreglar una serie de problemas y que solo sirven para ocupar espacio en una estantería (eso sí, en muchos casos, muy bien encuadernados).

Eso es totalmente injusto, si bien la imagen creada no es fruto de la casualidad, muchas empresas consultoras y consultores han sembrado la semilla que ha dado lugar a esa imagen.

Yo creo en la consultoría que te aporta valor, que es constructiva, que trata de empatizar con tu situación, con tus problemas y que te aporta soluciones reales acorde a tus posibilidades. No creo en la consultoría que consiste en transcribir a spanglish lo que le estás diciendo y que te tratan de colocar un modelo, que aunque haya tenido innumerables casos de éxito, ni siquiera se han preocupado de adaptar a tu realidad. No todo funciona en todos lados porque todas las organizaciones tienen sus peculiaridades.

La situación anterior ha sido resultado de industrializar el proceso de consultoría, lo cual en sí no es malo, siempre y cuando venga acompañado por personal cualificado y con experiencia y que tengan una orientación a satisfacer las expectativas del cliente, no priorizando la cuenta del proyecto (las empresas están para ganar dinero, pero ello no justifica que sea a costa de un trabajo de escasa calidad) sobre las mismas. Se ha abusado en demasiadas ocasiones de enviar a gente sin preparación y/o experiencia, algo que visto de cerca o de lejos, llega incluso a dar lástima.

Todo el mundo tiene derecho a aprender, de hecho como he repetido en muchas ocasiones, cada día me doy cuenta que sé menos, pero siempre es conveniente que sea al lado de alguien que te arrope mientras vas adquiriendo conocimientos y experiencia. Enviar a clientes expertos que no lo son, me parece una de las mayores barbaridades que puede realizar una empresa, tal vez se consiga ganar mucho dinero en el proyecto, pero probablemente tu carrera con el cliente sea de corta duración.

Estoy leyendo actualmente el libro “Piensa es gratis” de Joaquín Lorente, uno de los publicistas más reconocidos de nuestro país y me está sorprendiendo muy gratamente ya que prácticamente no conocía al autor y me está gustando muchísimo cómo escribe: dinámico y con ejemplos que te hacen llegar con facilidad el mensaje. Si tenéis la oportunidad de leerlo disfrutaréis del libro tanto o más que yo.

Me gustó mucho el capítulo en el que trata sobre el hecho de que no importa mucho lo que las cosas son, sino realmente lo que importa es lo que parecen. Una prueba de esto la tenemos con los políticos, da igual el signo, que se dedican a mostrar la realidad desde su punto de vista, deformándola en ocasiones tanto que cualquier parecido es pura coincidencia.

¿Cuántos productos peores que otros han tenido más éxito por el simple hecho de proporcionarles una imagen?, ¿cuántos ídolos de barro han alcanzado el éxito por proporcionarles una determinada cobertura mediática y después se han desvanecido cuando se les ha quitado la máscara?.

Es importante la autenticidad, yo personalmente lo valoro mucho, pero no hay que olvidar cuáles son las reglas del juego y si no las tienes en cuenta, jugarás en desventaja.