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Archivos diarios: febrero 13, 2011

He terminado de ver hace unos minutos el documental “Comprar, tirar, comprar” en el que se expone con varios ejemplos el concepto de obsolescencia programada y los efectos que provoca tanto en los consumidores como en el Medio Ambiente.

La obsolescencia programada consiste, a grandes rasgos, en la fabricación de productos con un ciclo de vida inferior al que potencialmente podría tener si se aplicase la tecnología, componentes o procesos de fabricación disponibles para conseguirlo, cuando no directamente se le ponen una fecha de caducidad.

¿Cuál es el motivo? Promover el consumo y la circulación de dinero, supuestamente en nuestro beneficio, cuando en realidad el objetivo que persigue es el lucro por parte de quien la promueve.

La innovación debe ser el primer motor que marque cuándo un producto sustituye a otro (esto no quiere decir que todos ellos vayan a ser indestructubles o que salga alguno defectuoso), dejando a cada consumidor que decida cuándo realiza la sustitución. Si el dinero se tiene que mover que sea por esa causa y no por otra.

Sin obsolescencia programada se favorece la sostenibilidad, disminuyendo la cantidad de residuos y haciendo un consumo más racional de las materias primas. Por sí solo no resolverá los problemas de sobreexplotación de los recursos naturales, de contaminación y de acumulación de residuos, para esto se requiere concienciación, medios y tecnología, algo para lo que todavía queda mucho, pero ayudaría bastante.