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Archivos diarios: febrero 19, 2011

Cuando dejamos de creer en nuestro trabajo o en la finalidad del mismo tiene como consecuencia una pérdida de motivación y en consecuencia de la productividad.

Dejamos de creer cuando vemos que hagamos lo que hagamos no conseguimos cambiar nada, mejorar, avanzar, ya sea en el plano personal, de nuestro departamento, de la organización o de la sociedad. En ese momento nos convertimos en robots, donde nuestra energía nos la da el sueldo que recibimos cada mes.

Nosotros tenemos la capacidad de transformar cualquier situación, por lo que el hecho de creer o no creer es algo que sale de nuestro interior, no obstante, se requiere voluntad de hierro cuando por más empeño que se ponga no obtenemos los resultados que esperamos. Hay que tener en cuenta que en función de donde nos encontremos dentro de la estructura organizativa, nuestros actos y acciones pueden ser eliminados directa o indirectamente por la aplicación de determinadas políticas o decisiones.

Solo podemos tener control sobre nuestro trabajo directo e intentar hacerlo lo mejor posible, eso de por sí nos debería crear una gran satisfacción, pero muchos de nosotros necesitamos algo más que eso, necesitamos sentir que colaboramos para algo más grande y seguramente en muchos casos lo consigamos y no nos demos cuenta, ya que somos una pieza más dentro de la maquinaria de nuestra organización y si dentro de ella nos cuesta encontrar nuestra influencia en su desarrollo, mucho más complejo resulta cuando el trabajo se realiza para clientes con los que lo mismo (en función de nuestro rol en la organización) ni llegamos a tratar.

Por todo lo anterior, considero muy necesario que las organizaciones informen internamente de los logros que se van consiguiendo, no solo como empresa o institución, sino de cara a los clientes y a la sociedad. Es algo que no cuesta mucho, para los resultados que puede llegar a obtener.

Es cierto que casualidad o la suerte son factores siempre a tener en cuenta, pero si de alguna manera queremos asegurarnos una mayor probabilidad de éxito no podemos esperar a que los proyectos o un departamento por su cuenta, riesgo y propia evolución proporcionen los resultados deseados. En este artículo quiero tratar de la intención en las decisiones y de lo importante que resulta tomarlas de la manera más objetiva posible para producir unos resultados que siendo positivos o negativos, al menos, son consecuencia de una acción o un plan preestablecido.

La toma de decisiones arbitrarias, sin tener una base objetiva producirá unos resultados similares a los que se tendrían si no se tomase una decisión, es decir, unos resultados arbitrarios, dejando que la providencia juegue sus dados y reparta suerte. Es más, en ocasiones hasta resulta más recomendable no tomar decisiones que tomar decisiones sin base objetiva, ya que al menos en el primer caso se deja todo al azar o a la deriva y lo que sea, será, mientras que en el segundo caso, se intenta orientar el resultado en base una decisión, que al no tener un cimiento sólido, como por ejemplo unos razonamientos en base a criterios objetivos, producirá también unos resultados inciertos, pero con la diferencia de que en este caso se ha actuado y esa actuación puede tener consecuencias.

La toma de decisiones razonadas, meditadas y basadas en criterios, como por ejemplo, la experiencia, el análisis, datos medidos cualitativa o cuantitativamente, no aseguran, como es lógico, que el resultado sea positivo o negativo, pero al menos existe una intención, es decir, se puede ganar o perder, pero se está jugando a algo y cuando se tomó la decisión de jugar de esta manera se hizo en base a unos criterios que equivocados o no, tenían fundamento, lo que hace que, desde mi punto de vista, exista una mayor probabilidad de que se acierte.

Todos los días tomamos muchas decisiones, en el ámbito personal y en el laboral, muchas veces, además, se cuenta con poco tiempo para tomarlas. También es cierto que todas las decisiones no tienen la misma trascendecia, como también lo es que no podemos dedicar todo el tiempo que se necesita para que las mismas estén todo lo meditadas que debieran, ya que si así fuera, no actuaríamos nunca. Por tanto, hay que priorizar y dedicar más atención a aquellas decisiones más importantes, ya que estas provocarán resultados que nos afectarán más directamente a nuestro entorno y a nosotros.