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Archivos diarios: abril 19, 2011

Todo proyecto de desarrollo de software en su vertiente funcional tiene una parte de predecibilidad y otra de adaptabilidad. La metodología utilizada es la que determina la cantidad de cada uno que se pone (y cómo).

Las metodologías clásicas, de enfoque finalista, como el ciclo de vida en cascada o de prototipos tienen una elevada componente de predecibilidad en el sentido de que los proyectos se construyen desde una especificación inicial que comprende gran parte de la funcionalidad del proyecto. En el transcurso de los mismos, aunque la metodología no los contemple, siempre hay ajustes y en varias fases del proyecto.

Esto lo saben clientes y proveedores y son conscientes de que si el producto no es adaptado aunque sea solo en aquellas funcionalidades más críticas que no se han definido de manera adecuada, el producto que se pondrá en producción dará problemas al usuario final poniendo en problemas incluso la viabilidad del proyecto (en función de aquellos aspectos funcionales que no respondan a las expectativas del usuario y de lo que afecten al proceso de negocio que se informatiza).

Las metodologías ágiles, de enfoque incremental e iterativo, están centradas en la adaptabilidad continua del producto, de manera que en cada evolución el producto vaya creciendo y se vaya acoplando a lo que los usuarios quieren realmente, sin embargo cada iteración obtiene una nueva versión del producto a través de unas especificaciones iniciales. Estos requisitos son el aporte de predecibilidad a una metodologías centradas en la adaptabilidad.