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Archivos diarios: mayo 24, 2011

Resulta complicado acertar al detalle el porcentaje de avance de un proyecto, teniendo en cuenta la cantidad de contingencias que pueden ocurrir en el proceso de desarrollo.

Con independencia de lo anterior hay que tratar de ser lo más objetivo posible, nos podemos equivocar, pero en base a una reflexión objetiva de cómo ha discurrido el proyecto hasta ahora y qué hitos se han cerrado. Las estimaciones optimistas (sobre todo) y las pesimistas son una fuente de problemas, por ejemplo:

– Una estimación optimista da lugar a falsas expectativas, si el proyecto va de una determinada manera y estimas que el grado de avance es mayor, están dando a entender una expectativa de beneficio o una expectativa de pérdida (en el caso de que el proyecto vaya realmente mal) que después no se va a cumplir y muy probablemente tus jefes te pedirán explicaciones, además, si no se detecta la existencia de posibles problemas, difícilmente se pueden establecer medidas para intentar reconducir los trabajos.

– Una estimación pesimista puede crear en el proyecto un falso estado de alarma. Es cierto que es una forma de poder cubrirte las espaldas ya que se supone que será complicado que el proyecto vaya peor que lo que se indica, pero esto puede provocar una presión innecesaria en el proyecto que podrá impactar en la productividad, bajo presión se puede trabajar mejor durante un tiempo, pero a medio/largo plazo resulta perjudicial.

Además, si la estimación pesimista prevé unos resultados aceptables (pero que son inferiores a lo que refleja el grado de avance real del proyecto) puede provocar tanto en el gestor como en el propio equipo de proyecto una sensación de conformismo que haga que realmente la tendencia sea cumplir la previsión pesimista en lugar de conseguir los objetivos que realmente se podrían haber logrado.