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Archivos diarios: junio 22, 2011

En agosto de 2009, Bob C. Martin (Uncle Bob) propuso un quinto principio para el Manifiesto Ágil, denominado inicialmente como “Artesanía sobre mierda” (Craftsmanship over Crap), aunque más tarde cambió la denominación a unos términos más políticamente correctos “Artesanía sobre ejecución”.

La asociación del término artesanía al desarrollo de software surge como una necesidad, más que como una respuesta. De la necesidad de acabar con la entrega de productos de calidad deficiente, con la necesidad de terminar con las situaciones de desgaste con los clientes y con la necesidad de disfrutar con nuestra profesión.

Como dice Bob C. Martin, surge por la necesidad de hacer un buen trabajo. ¿Acaso no es satisfactorio ayudar a construir algo?, ¿no es más satisfactorio finalizar un proyecto con la sensación de un trabajo bien hecho?. Muchos piensan que lo importante es el dinero, tanto el que puede ganar uno, como el que puede ganar tu organización (porque al final, lo mismo te hace ganar a ti también), no le resto importancia a esa variable, pero somos también muchos los que además de dinero queremos algo más, sentir que lo que hacemos permite mejorar, a una organización, a sus integrantes, a la sociedad.

¿Puede ser utópico? Puede ser, pero me resisto a pensar, que solo somos máquinas de sacar trabajo adelante (bien, regular o mal).

La artesanía no va de la mano de un modelo concreto de organización, si bien existen estructuras empresariales que favorecen la creación de un contexto que favorece esta forma de trabajar.

La organización en la que se trabaja influye, pero al final todo depende de las personas, ya que al fin y al cabo somos el factor más importante en los proyectos de desarrollo de software.

Todo depende de las personas y este principio está orientado a las personas, a los que participan en el desarrollo y a los destinatarios de nuestros trabajos. Por tanto la artesanía, como medio para alcanzar estos objetivos, estará por encima de la ejecución, por encima de entregar productos por entregarlos, caiga quien caiga y pase lo que pase e intentar que sea el desgaste, las palabras, las que resuelvan los compromisos, en lugar de hacerles frente con la entrega de un producto en las mejores condiciones posibles.

Llegar a esto requiere un cambio de mentalidad de las personas que participan en los desarrollos, de la forma en que interactúan todas las partes que participan en un proyecto (clientes, proveedores, usuarios, etc…), de los procedimientos que se aplican, de la forma de organizar los equipos de trabajo, de favorecer la creación de un entorno que facilite el desarrollo de las personas, de la forma de vender los proyectos.

Es difícil porque los que estamos acostumbrados a otros modelos pensamos a veces que es imposible cambiar porque la espiral del desarrollo de software funciona de una determinada manera y no vamos a tener fuerza para salir de ella ya que son muchos años adquiriendo hábitos que resultan complicados de dejar atrás.

La proliferación de empresas o de profesionales independientes que tratan de enfocar su trabajo hacia lo artesano deja bien a las claras que cada vez son más las personas que están convencidas de que otro modelo de trabajo, más satisfactorio, es posible.