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Archivos diarios: agosto 17, 2011

Sam Redwine es un experto en los campos de la ingeniería del software y de la seguridad del software. Es profesor universitario, pertenece a organismos prestigiosos relacionados con la seguridad del software, es articulista y conferenciante.

Su siguiente reflexión es del año 1988 y resulta significativo que 23 años después todavía se produzca el mismo problema: “El software y las catedrales son muy similares. Primeros los construimos, después rezamos”.

Es curioso como la tecnología ha avanzado vertiginosamente en todos estos años y muchas de ellas son de uso común en la mayoría de las empresas de desarrollo de software, sin embargo, en el ámbito metodológico la aplicación, en proporción con los avances tecnológicos, ha sido escasa.

Si las cosas se hacen bien, no habría necesidad hoy día de cruzar los dedos cuando se entrega un software. Claro que habrá errores que se escapen y lleguen a producción (su criticidad dependerá de la naturaleza de los mismos y del sistema), pero existe la posibilidad de, aplicando buenas prácticas en el proceso de desarrollo, colaborando con los usuarios y haciendo un buen proceso de testing de intentar minimizar los errores que llegan hasta el usuario final y que estos sean los menos graves posibles.

Larry Bernstein ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en Bell Laboratories donde ha desempeñado el puesto de director técnico del área de negocios de sistemas operativos y director ejecutivo. En la actualidad es profesor investigador en el Instituto de Tecnología Stevens en New Jersey.

Lo seguiré repitiendo artículo tras artículo, como un mantra, lo más importante en los proyectos de desarrollo de software son las personas. Por eso es importante que funcionen tanto a nivel individual, como en el grupo al que pertenezca (equipo de proyecto, usuario, responsables técnicos del cliente, etc…), como en las relaciones de esos grupos entre sí.

Si la comunicación o la confianza entre los grupos no es buena, el proyecto necesariamente se resiente. Uno puede ser muy profesional e intentar dar lo mejor de uno mismo, pero no terminas de exprimir tu capacidad, tu potencial, tus ganas si no te sientes respetado por aquellos con quienes trabajas. Si te tratan mal, cada vez será más complicado enfocar tu energía para intentar ser lo más eficiente posible en el trabajo. Podemos tener técnica, resiliencia, experiencia, pero somos seres humanos y los sentimientos y emociones no pueden esconderse siempre porque aunque intentemos obviarlos, estarán ahí.

Larry Bernstein, a lo largo de su extensa trayectoria profesional habrá trabajado en proyectos de diferente tipo y en las más variadas circunstancias y por eso hay que darle valor a su siguiente reflexión: “Las buenas relaciones con el cliente permiten doblar la productividad”.