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Archivos diarios: agosto 31, 2011

Uno de los aspectos más complicados del testing consiste en definir hasta dónde se va a llegar, es decir, qué tipo de pruebas realizar y con qué intensidad, ya que todo el software no tiene la misma criticidad, los mismos recursos para su desarrollo, los mismos plazos, etc…

Es un error aplicar el mismo nivel de testing a todos los productos, ya que podemos pecar por exceso o por defecto (siempre mejor, como es lógico el exceso) y además hay que tener en cuenta que el testing se debería medir más por su efectividad y por su calidad que por el tiempo dedicado al mismo, si bien, se entiende que un equipo formado, aplicando una serie de metodologías y utilizando una serie de herramientas, mantendrá un nivel de efectividad más o menos regular por unidad de tiempo.

A lo anterior hay que añadir que el testing se debe realizar en todo el proceso de desarrollo y no solo al final y que el mismo equipo de proyecto debe participar en el mismo mediante la aplicación de pruebas unitarias, integración continua, pruebas funcionales, verificaciones continuas con el usuario y obtención e implementación del feedback, etc…, independientemente de que existan una serie de profesionales que sean especialistas en realizar este tipo de trabajo.

El testing es muy importante y no una disciplina secundaria, no es algo que se debiera infravalorar, como en el mundo de la programación hay programadores buenos, malos y regulares, lo mismo pasa con los testers. Un producto que llega a producción con errores graves va a costar dinero, de una u otra forma. En algunos casos estos errores serán críticos y el coste será elevadísimo en otros casos provocará un parón en el servicio que no es poco.

Resulta muy interesante la siguiente cita de Weinberg porque refleja bien a las claras lo crítico que resulta en muchas ocasiones el proceso de testing y lo complicado que resulta establecer sus límites (traducción libre): “En septiembre de 1962, saltó a la luz una noticia que indicaba que un cohete de 18 millones de dolares había sido destruido en pleno vuelo debido a un simple guión que faltaba en un programa. La naturaleza de la programación es así, ya que no existe relación entre el tamaño del error y los problemas que causa. Por tanto, es difícil definir cualquier objetivo en el proceso de testing, sin llegar a la eliminación de todos los errores, algo que resulta imposible”.

Son ya ocho años realizando tareas de dirección de proyectos y alguna que otra vez me hago la pregunta de si realmente quiero seguir mucho tiempo haciendo este trabajo o debería enfocarlo en otra dirección, ya sea realizando tareas de más alto nivel o bien otras de una carácter más técnico.

Generalmente me suelo responder que todavía me queda tanto por aprender en el campo de la gestión de proyectos que el mejor sitio donde puedo estar es continuar con este aprendizaje desde las trincheras. Con los buenos y los malos momentos que tiene esta profesión, este perfil, como también lo tienen el resto de roles en un proyecto, cada uno en su momento y cada uno con su nivel de responsabilidad.

Hay muchas cosas que se aprenden en los libros pero hay otras que necesitan ser vividas en primera persona, el desarrollo de software es mucho de conocimiento y experiencia y cada día que pasa más me doy cuenta que sigo necesitando de ambas para intentar hacer mejor mi trabajo porque soy de la opiníón que ya que tengo que trabajar para vivir por lo menos hay que intentar que sirva para algo y esa utilidad no solo está centrada en evolucionar personal y profesionalmente sino que también lo está en intentar que lo que uno hace sirva para mejorar tu entorno. Esto último a veces se consigue, otras muchas no, pero además de los resultados resulta muy importante tener por lo menos esa determinación.

Cada cosa en su momento y en su sitio. El corazón caliente porque te importa en que el proyecto se lleve a cabo con éxito y porque te preocupa que no se cumplan los objetivos marcados y sangre fría a la hora de abordar los conflictos y a la hora de tomar decisiones.

Conseguir ese equilibrio es muy complicado. Llevo ocho años dedicándome a la dirección de proyectos y no lo he conseguido todavía y pese a que pongo empeño no sé si llegaré alguna vez a conseguirlo. Por lo menos aspiro a seguir mejorando día a día.

Yo soy de corazón muy caliente pese a que de trato soy una persona tranquila y desgraciadamente cuando se sobrepasan determinadas fronteras no tengo la sangre fría que debería mantener en esos momentos.

Mejor una palabra de menos que una de más, no hay que olvidar que lo que se dice y cómo se dice tiene mucha importancia y toda razón se puede perder o por lo menos verse erosionada por una actuación desmedida en un momento determinado.