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Archivos diarios: octubre 14, 2011

CMMI define un modelo orientado a procesos. Un correcto desempeño de los mismos y la consecución de una mayor eficacia en la realización de los mismos (y por qué no, una mejora continua), requiere de la definición de un proceso que defina la estrategia y el marco de entrenamiento o de formación necesario para que cada persona de la organización pueda desempeñar su rol o roles en la misma y en los proyectos de la mejor manera posible.

Este área de proceso, además de los beneficios evidentes que trae consigo (si su enfoque es el adecuado y se ejecuta correctamente), es una consecuencia lógica de los dos últimas áreas de proceso que hemos estudiado en el nivel 3: Enfoque en el proceso organizativo y Definición de proceso organizativo.

Que la formación en una organización se realice siguiendo una estrategia y persiguiendo unos objetivos es algo tan razonable como poco frecuente.

Este proceso tiene que definir, además, el conjunto de actividades formativas (que puede ser una enumeración de las mismas, la simple descripción de los objetivos que debe cumplir o una mezcla de ambas), qué actividades podrían ser llevadas a cabo por recursos de la propia organización (humanos y/o materiales) o tendrían que buscarse fuera y establecer un plan de acción.

El proceso además de definir este marco de actuación, establecerá los mecanismos de solicitud y respuesta a la misma de una determinada actividad formativa, tanto si está ofertada como si se detecta una necesidad puntual, la propia organización y gestión de la actividad, así como la capacidad de poder evaluar la eficacia de la misma.

Nuestra relación con el software o con el desarrollo de software oscila constantemente entre el amor y el odio con una duración incierta de cada periodo, pocas veces genera indiferencia y si eso pasa (incluso por encima del odio) es que algo está fallando.

Amamos nuestro trabajo, lo detestamos, ahí creo que está en parte la esencia de por qué encontramos tan interesantes nuestras tareas y por qué sentimos tanta satisfacción cuando conseguimos sacar un proyecto con éxito o cuando sabemos que con nuestro trabajo conseguimos una mayor eficiencia en un proceso o cambiar las cosas y por eso nos causa tanta frustación cuando las cosas vienen mal dadas.

Jeff Atwood lo resume todo en esta reflexión: “Nadie odia más el software que los desarrolladores de software”, sin bien le faltó decir que “Nadie ama más al software que los desarrolladores de software”, citas opuestas para representar una misma realidad.