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Archivos diarios: noviembre 25, 2011

Se habla mucho de la gestión de riesgos en los proyectos de desarrollo de software y con razón, ya que es fundamental desde incluso antes de que comiencen y es necesario continuar con ella hasta el final, actualizándose con las circunstancias actuales del proyecto y su contexto.

Pero no tiene menos importancia la gestión de expectativas y sin embargo no es algo que esté tan presente y personalmente no lo entiendo, ya que una incorrecta gestión de expectativas te puede hundir el proyecto, tanto si no interpretas bien cuál es el umbral de aceptación del usuario, del director usuario o del responsable técnico, como si no modulas esas expectativas con la realidad del proyecto y no las vas actualizando con información veraz de su ejecución.

A veces, uno puede escapar de una mala gestión de expectativas ya que lo mismo la otra parte se da cuenta de todo demasiado tarde, es decir, podrás sobrevivir al proyecto pero no a la pérdida de confianza del cliente.

Defiendo la orientación a procesos no solo en el desarrollo de software, sino también en la gestión de un departamento TIC o en una organización en su conjunto. Creo en ella porque su ausencia es el caos (aunque esté más o menos controlado).

Como en todo producto o servicio que se vende, y la realización de consultorías donde se pretende establecer un plan de acción a partir de un modelo actual para ir hacia uno orientado a procesos es uno más, es muy importante predicar con el ejemplo, es decir, si me vendes un modelo orientado a procesos, ¿tiene tu organización implantado uno?, ¿sigue algún estándar internacional?, ¿cuáles son los resultados?, ¿está evaluado o certificado?, ¿me puedes mostrar un ejemplo de cómo lo hacéis antes de empezar a trabajar con nosotros?.

Probablemente este tipo de preguntas pueda poner en aprietos a más de uno y es que el papel lo puede aguantar todo, pero la realidad no.

Y es que esto es más serio de lo que parece. La implantación de un modelo orientado a procesos desde una situación de descontrol o donde predominan más las lagunas que los procesos, supone un cambio cultural en el departamento al que se aplica y tiene un impacto en la organización debido a que cada uno de ellos no es un elemento aislado sino que interactúa con los demás. Esto implica que más vale hacerlo bien (porque ir en una dirección equivocada puede ser muy costoso y/o una pérdida de tiempo) y ser dirigido por gente con experiencia, a ser posible en el sector en el que trabaje el cliente, que esté especializada en esto y tenga arraigada esta cultura en su organización y, por supuesto, que escuche y tenga muy en cuenta a las opiniones de los interlocutores que designe el cliente.