Todos los días valen igual

Tendemos a pensar que cualquier retraso en el proyecto o tarea que estemos realizando la solucionaremos realizando un sobreesfuerzo en los días previos a la entrega.

A veces, sale bien, no lo niego. Sin embargo casi siempre se producen una de estas dos circunstancias: no se llega a tiempo y se tiene que solicitar un aplazamiento o lo que se entrega tiene una calidad nefasta.

Por supuesto, que de estas dos opciones, siempre es mejor solicitar el aplazamiento, sin embargo, suele pasar en muchos casos que tras ese primer aplazamiento, viene otro, que posiblemente tampoco sea el último. Ya sea porque el retraso era considerable o bien porque se aplica el mismo principio de dejarlo todo para el final en cada nuevo intervalo de tiempo establecido.

Los retrasos provocan pérdidas, que son menos que las entregas de mala calidad, pero cuando son muy prolongados en el tiempo, las pérdidas se pueden convertir en insostenibles y lo que es más grave, probablemente la presíón por la entrega provoque que la calidad de la tarea no sea buena, lo que hace que el problema, más que problema, sea una tragedia.

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