Desarrollo de software. Agente del cambio

Me pasa que cuando leo libros, artículos o me fijo en determinadas actitudes interesantes intento aplicar determinados cambios en mi comportamiento personal y profesional siempre tendentes a mejorar de manera individual y, ya sea fruto de ese cambio individual o a través de acciones concretas, tratar de mejorar mi entorno.

¿Lo consigo siempre? que más quisiera yo, pese a que los cambios individuales solo dependen de mi y de nadie más. Cambiar los hábitos resulta complicado y lo que en la teoría parece sencillo, la cruda realidad demuestra que su aplicación no es tan simple.

Lo que sí tengo claro, independientemente de que no consiga aplicar en el ámbito personal o profesional determinados cambios, es que cualquiera puede ser un agente del cambio. Sí cualquiera, estés donde estés, encuentres donde te encuentres, pintes lo que pintes.

Para empezar, tu cambio individual ya de por sí te transforma a ti y a lo que está a tu alrededor porque una visión, actitud o acción diferente hace distinta tu relación con los demás y la forma en que afrontas o enfocas las tareas que haces. No pienses en que los cambios se consiguen de la noche a la mañana, llevan su tiempo, tanto que, en ocasiones, has conseguido tus objetivos y no te has dado ni cuenta.

Por ejemplo, puede resultar complicado que empiece a aplicar metodologías ágiles una organización no acostumbrada a trabajar con ellas o que no las contempla en sus procesos de desarrollo, lo cual a su vez puede verse reforzado con el hecho de que los clientes tampoco las estén aplicando, ante esto, nos podremos preguntar, ¿cómo puedo aplicar las metodologías ágiles en una situación como esta? Tal vez no lo puedas hacer, pero como ya he venido comentando ser ágil es primero cuestión de actitud, lo demás vendrá después. Cambia tu actitud, trabaja de manera ágil, seguro que poco a poco las cosas ya no son como eran porque entre otras cosas y como dije antes, tú has cambiado.

Muchas veces te asaltarán pensamientos del tipo: “si la empresa en la que trabajo no hace nada por mi, ¿por qué voy a hacer algo yo por ella?”, y no te faltará razón cuando los tengas. Las organizaciones y sus gestores son desmotivadores natos, tanto que si se quedasen quietos por lo menos te quedarías igual. Ahora bien, ten en cuenta siempre una cosa, el primer beneficiado por un cambio serás tú y es un error privarte de él por no querer que tu organización se beneficie del mismo.

Entre la teoría y la práctica o entre la teoría y la realidad hay mucho camino, cada entorno es diferente y además varía con el tiempo, te toca a ti asumir el cambio y adaptarlo a tu realidad.

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