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Archivos diarios: enero 16, 2012

Existen diversas circunstancias o situaciones que nos pueden llevar a este antipatrón:

– Productos o versiones del mismo que se liberan, se afianzan en la comunidad de usuarios, pero existe el temor de que surjan errores que afecten a la disponibilidad del sistema (y en consecuencia al trabajo de los usuarios) o la necesidad de evolutivos, lo que obliga a realizar cambios con un alto nivel de presión.

– Que efectivamente se haya llegado a un sistema que cumpla en gran medida las expectativas del usuario pero se sospeche que la infraestructura hardware no pueda dar soporte adecuado en el caso de una gran acogida del producto.

– Que el proveedor no quiera entrar en conflicto con el cliente o el área usuaria si estos llegan a plantearse por qué han pagado tanto para un sistema que se ha desarrollado en un tiempo inferior al previsto.

– Que el proveedor, teniendo diferentes proyectos con el cliente, sospeche que la entrega de un producto a tiempo y con aceptación, afecte a otros proyectos que no han ido tan bien.

– Que un gestor, equipo de proyecto o cualquiera de sus componentes tengan miedo a asumir más responsabilidades por el hecho de tener buenos resultados o a que a partir de ahora las expectativas que se tengan en ellos sean muy superiores a las actuales.

Como estas se podrían enumerar otra gran cantidad de situaciones en las que el miedo al éxito actúa de factor de bloqueo y de freno lo que puede provocar que al final el éxito no sea tanto o que incluso se torne en fracaso.

Nuestro trabajo es así, cada día podemos encontrarnos con algo que nos rompa cualquier planificación o cualquier ritmo que nos queramos marcar.

Día a día vamos mejorando (si queremos mejorar) y también el día a día nos lleva a preguntarnos si esta profesión es la que queremos porque del amor al odio hay solo un paso y en algo tan intenso como el desarrollo de software, el péndulo va de un lado al otro constantemente.

Hay días donde me gustaría que todo fuera más tranquilo, donde no me llevase los problemas a casa, donde no sufriera el desgaste por proyectos que no terminan de salir bien, es algo que creo que nos pasa a la mayoría de los que nos dedicamos a esto, que al final nos involucramos tanto en lo que hacemos que olvidamos que no somos más, en la mayoría de los casos, que un número más dentro de nuestra organización.

Hay otros días, sin embargo, donde cuando salen las cosas bien, sentimos que nada nos puede parar.

Por estas razones creo que odio y amo tanto esta profesión.