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Archivos diarios: enero 20, 2012

Este antipatrón se produce cuando ante circunstancias de crisis en un proyecto se toma la decisión de dirigir las culpas a una persona o a un conjunto de personas concretas sin analizar si verdaderamente la naturaleza del problema se encuentra en las mismas (¿todo el problema han sido ellos?) o por el simple hecho de ofrecer unas cabezas de turco (para evitar, generalmente, que otras cabezas sean cortadas, sobre todo la de quien tiene el hacha) para, aunque sea temporalmente, la presión.

No se trata por tanto de no tomar decisiones, de no asumir responsabilidades, sino de que éstas estén basadas en criterios objetivos situándonos en el contexto del proyecto y la trayectoria del mismo.

Sin embargo, en demasiadas ocasiones se toma el camino más fácil, sacrificar a los que menos fuerza tienen, a los que menos impacto puede provocar su caída, en lugar de mirar más arriba o hacia uno mismo.

Muy peligroso. Es uno de los medios donde resulta más fácil meter la pata y lo peor es que todo queda registrado y puede ser utilizado en tu contra.

Factores:

– Desinhibición. Siempre resultará más sencillo decir las cosas por escrito que a la cara facilitando, por tanto, la aparición de situaciones en las que se pierde el tacto (cuando no el control).

Es muy temerario escribir un correo electrónico estando enfadado porque lo más probable es que termines arrepintiéndote y pidiendo disculpas (por lo escrito, por más que sigas pensando y opinando lo que habías puesto).

Sé que es complicado resistirse a ello pero os aseguro que siempre será mejor tomarse un tiempo antes de escribir si te encuentras en ese estado ya que he vivido situaciones en las que al final por mucho que tengas razón, por mucho que no se hayan portado bien en el proyecto y/o contigo, el malo terminas siendo tú.

Esta desinhibición también puede traernos problemas en aquellas situaciones en las que estamos pletóricos, ya que tenderemos a asumir o aceptar compromisos difíciles de cumplir y lo que es peor, por escrito.

– Inocencia. Sí, inocencia. Hay que tener cuidado lo que dices y a quién, ya que mañana podría ser usado contra ti. No se trata de vivir en un estado de paranoia continua, no es eso, se trata de que a veces se comparte información y confidencias relevantes y el nivel de confianza en el receptor debe estar a la altura de la misma (siempre puede pasar que incluso esta relación de confianza se rompa, es un imponderable, e incluso te puede traer más quebraderos de cabeza, pero es un riesgo que se puede correr porque no puedes vivir, no puedes trabajar, sin confiar en nadie).

– Mala memoria. Si vas a mentir por correo electrónico más vale que tengas muy buena memoria porque siguiendo la Ley de Murphy, cuando en más aprieto te encuentres porque te pongan en evidencia, más probabilidad existirá de que te saquen el correo electrónico donde faltaste a la verdad.

– Malos entendidos. No nos llevamos bien con todo el mundo y hay situaciones además, donde la presión, conflictos, etc… provocan que no se nos apetezca tratar demasiado ya sea en persona o por teléfono con otra gente. Si además, llueve sobre mojado y las relaciones no pasan por su mejor momento, el correo electrónico es una fuente casi infinita de generar malos entendidos.

– Impacto en la productividad. Tiene relación con un mal uso del correo electrónico y también con circunstancias de abuso del mismo (hay que pensar que en muchas ocasiones no solo afecta a la productividad del que lo escribe, sino también a la de todos lo que lo reciben).

Estos son solo algunos ejemplos. Ninguno estamos libres de no caer en algunas de estas situaciones, no somos máquinas, somos personas y las emociones nos juegan muchas veces malas pasadas, ahora bien, siempre se puede mejorar y un primer paso, desde mi punto de vista se encuentra en evitar escribir un correo cuando las emociones puedan más que tu razón, es decir, cuando el corazón mande más que la cabeza.

Lo siguiente será mejorar en la selección del canal de comunicación en función de lo que quieras transmitir (eso incluye la mejora del criterio sobre qué contenidos pueden ir por correo, en función de lo que se quiera transmitir y del emisor o emisores del mismo).