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Archivos diarios: febrero 18, 2012

Hace poco tuve que llevar mi coche a uno de los talleres oficiales de la marca ya que tenía una avería que necesariamente tenía que se tratada en los mismos.

Cuando me hicieron el presupuesto pude ver el precio/hora de la mano de obra y vi como la misma se situaba entre lo que una empresa de desarrollo de software suele cobrar por un perfil entre analista y jefe de proyecto.

Respeto el trabajo de los mecánicos pero también pido el mismo respeto para los diferentes perfiles profesionales de nuestro negocio.

De hecho, voy a guardar la factura con sumo cuidado ya que cuando me vuelvan a decir que el precio/hora de un programador es alto, voy a poner la misma encima de la mesa y que me digan por qué una profesión merece unos precios y la nuestra no.

Y no es solo cuestión de comparar, es que realmente los costes del personal son los que son a lo que hay que sumar que si trabajan en una empresa es para que esta gane dinero.

Además, ya está bien, lo he dicho muchas veces, de tirar el precio de nuestros profesionales porque esto no permite mejorar sus condiciones, lo que afecta directamente a su productividad y a la calidad de los productos. Y lo que es todavía más importante, nuestra profesión vale lo que decidamos valorarla, por que si los precios están por los suelos, no pretenderemos que se nos considere más allá de esa altura.

Desde mi punto de vista es uno de los peores antipatrones en los que se puede caer. Quienes lo practican, que son multitud, están haciendo un daño tremendo a toda una industria, hasta tal punto, que dudo que realmente les guste nuestra profesión lo más mínimo, porque si sintieran por ella la más mínima pasión no tendrían un comportamiento tan poco ético.

Este antipatrón se produce cuando se incurren horas de más en la realización de determinadas tareas, con el objeto de obtener un mayor beneficio en las mismas o para compensar pérdidas en otras.

Hasta para mentir hay que ser bueno, lo que hace que a muchos de los que realizan esta práctica se les termine pillando, es cierto que en la mayoría de los casos no se tendrán pruebas pero que tampoco resultan necesarias cuando sabes que te están mintiendo y eso destroza cualquier relación de confianza cliente/proveedor.

Con esta forma de actuar, tal vez el proyecto no tenga pérdidas o tengas unos beneficios sorprendentes, pero con gran probabilidad te has cargado un cliente, ¿compensa? No. Y no por el hecho de perder al cliente, no por el hecho de que el cliente se lo pueda contar a otros potenciales clientes (que lo harán si tienen la oportunidad), sino porque la fractura ética de una organización es el inicio de su decadencia.

Tras esta práctica se esconden una serie de grandes problemas de nuestro negocio:

– La falta alarmante de productividad. En muchas ocasiones la no consecución de los hitos en un proyecto no son debidas a proyectos mal vendidos o a que el cliente no colabore, sino que el problema nace del propio equipo de proyecto o de la organización en la que se encuentra. Sencillamente no se consiguen los objetivos porque no se trabaja bien.

– La falta de pasión por nuestro trabajo.

– Nuestra falta de capacidad para asumir errores.

– La orientación al dinero en lugar de la orientación al cliente, sin tener en cuenta que lo segundo es precisamente lo que te hace conseguir lo primero.

Me comentó un compañero que los enfoques ágiles en el desarrollo de software son buenos en teoría y pueden producir buenos resultados en la práctica pero que al final presentan los mismos riesgos que un enfoque de carácter clásico.

La agilidad es adaptación al cambio en un entorno de incertidumbre mediante la aplicación de una serie de principios y de estrategias y prácticas (cuando se materializan en una metodología) pero no puede impedir precisamente ese cambio al encontrarse el mismo, en la mayoría de los casos, fuera del control de las personas que participan directamente en el proyecto.

Algunos cambios en determinados momentos del proyecto pueden terminar con el mismo, independientemente del enfoque y de la metodología. Lo que diferencia a la agilidad de otras estrategias es que por lo menos en situaciones de tormenta actúa como un paraguas que evitas que te mojes o, al menos, que te caiga menos agua, pero si el viento sopla muy fuerte no podrá evitar lo inevitable y el paraguas se terminará rompiendo.

Un enfoque iterativo incremental permite ir creando campamentos base, que son la versión del producto que se obtiene en cada iteración. En un enfoque en cascada, no tienes nada donde refugiarte.

– Organización que no premia ni los esfuerzos ni los resultados.

– Organización donde solo importa que vengas a trabajar.

– Organización que incluso te pone problemas si quieres hacer un esfuerzo especial para sacar adelante un proyecto.

– Organización que no te plantea una carrera profesional.

– Organización para la que solo importas cuando tiene un problema que solo tu equipo o tu podéis arreglar.

– Organización en la que tus jefes nunca preguntan cómo estás.

– Organización en la que el criterio para mejorar tus condiciones se basa en con quién te relacionas y no en lo que haces realmente.

– Organización en la que no existe comunicación y en la que siempre te enteras de todo por terceros.

– Organización en la que no se fomenta la existencia de unos objetivos generales y en la necesidad de que los equipos y personas estén integrados para alcanzarlos.

Lo peor de todo es que esta lista podría seguir extendiéndose mucho más y seguiríamos identificándonos con más y más elementos de la misma.