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Archivos diarios: febrero 20, 2012

Incluso en aquellos proyectos donde más complicado puede resultar la aplicación de principios ágiles siempre existen oportunidades en donde podremos aplicarlos, si bien su efectividad dependerá mucho del contexto del proyecto, la metodología aplicada y los procesos en torno a los cuales se realiza el desarrollo de un software para una organización.

Independientemente de la metodología que se aplique resulta de gran importancia la participación activa de los interlocutores, sin eso, en el mejor de los casos el proyecto irá a trompicones y en los peores la especificación de requisitos se encontrará llena de huecos que en unos casos tendrán reflejo directo en el producto final y en otros serán cubiertos por el propio equipo de desarrollo, en base a su interpretación del proceso que se informatiza y de la experiencia precia.

El problema en esos últimos casos es que incluso acertando en una solución aceptable, la misma no tiene por qué coincidir realmente con lo que el usuario quiere y además, siempre tendrá la oportunidad de decirte que quién te ha comentado a ti que hayas optado por hacerlo de esa manera.

Sí, lo has hecho de buena fe, lo has hecho pensando en lo mejor para el proyecto y para el usuario, pero después te encontrarás con determinados individuos que cargarán contra ti su propia irresponsabilidad y lo peor de todo, tendrás pocos argumentos de defensa más allá de reprochar su falta de implicación en el proyecto, la cual negará o minimizará, quedando ante personal directivo la palabra de uno contra la de otro y con unas funcionalidades en el desarrollo que no puedes justificar su origen.

Se dice que en contextos donde va a resultar complicado encontrar agilidad en la interlocución no es posible aplicar metodologías ágiles, vale, pero, ¿acaso sirve cualquier otra metodología?, ¿acaso esa otra metodología puede garantizar mejores resultados?, ¿acaso va a conseguir que los interlocutores participen más y mejor?.

Se podría responder que puede ser más sencillo conseguir un compromiso por parte de los interlocutores si se les dice que su participación se reducirá a un espacio concreto de tiempo, es decir, lo que dure el análisis.

Si el usuario no es bueno, hasta lo anterior será complicado de conseguir, pero incluso en el caso de que se logre, estaremos dejando el proyecto a merced de que se haya acertado en los requisitos y a todos los inconvenientes que tras de sí tiene el ciclo de vida en cascada.

Por tanto, independientemente de la metodología o enfoque a utilizar, siempre hay que solicitar y exigir la participación del área usuaria.

Aceptar un contexto en el que no exista agilidad en la interlocución por parte del usuario debe ser la última vía. Incluso si se aprecia que puede existir hostilidad en los mismos, lo mejor para todos es no abordar el proyecto.

En el caso de que se acepte el proyecto tenemos que adaptarnos a las circunstancias y resulta a priori complicado indicar si la mejor solución pasa por un enfoque ágil o clásico, será necesario evaluar el contexto y en base a eso tomar una decisión.