archivo

Archivos diarios: febrero 25, 2012

El producto software que se obtiene finalmente es consecuencia de las directrices que ha indicado el área usuaria. Nos habrá dado unos requisitos, a lo largo del proyecto, habrá cambiado el enfoque de algunos de ellos, otros se desecharán y aparecerán algunos nuevos. Esto es independiente de la metodología utilizada.

Sin embargo el equipo de proyecto no debe ser una serie de ovejitas que van detrás de un partorcito (el usuario), ¿dónde está el valor que aporta el equipo al proyecto? Traducir especificaciones a un lenguaje de programación tiene su complejidad, sobre todo si se hace bien, pero, ¿solo somos traductores?, ¿no somos capaces de proponer alternativas al usuario?, ¿no somos capaces de hacerle vez que tal vez determinadas funcionalidades que solicita en términos coste/beneficio no son ventajosas?, ¿no somos capaces de aportar al cliente toda nuestra experiencia?.

Es muy fácil lavarse las manos y echar toda la culpa al cliente o al usuario (que la tendrán y en algunos proyectos mucha o casi toda) pero, ¿seguro que no somos responsables de nada?.

No es un hecho puntual, he podido comprobarlo en primera persona y como espectador en numerosas ocasiones.

He escuchado a usuarios decir auténticas barbaridades sobre el sistema de información que están utilizando, repasando el árbol genealógico del mismo y de los que lo desarrollaron, presionando hasta el límite para dejar de usarlo y que cuando se les brinda una nueva solución que mejora sustancialmente a la anterior, vuelven a repetir ese mismo ciclo, ensalzando todas las virtudes del sistema antiguo y minimizando sus defectos.

Es cierto que hay veces que se les ha sustituido basura por una basura tecnológicamente más avanzada pero en otras no ha sido así y sin embargo su rechazo sigue siendo frontal.

Por este motivo, es tan importante realizar una gestión del cambio adecuada, ya que no todos los usuarios han podido participar activamente en la concepción y desarrollo del producto y también lo es que determinados usuarios referencia, hayan tenido una implicación importante en la solución construida y en la toma de decisiones.

Todavía hay algo peor que la orientación a la contabilidad y es la orientación a la nada.

A esto se llega cuando ya no solo desprecias al producto y al cliente, sino que desprecias a tu propia organización, no importándote siquiera que su balance sea positivo o negativo.

Las personas que forman parte de este antipatrón, solo tienen una preocupación, mantener su puesto de trabajo mientras les interese mantenerlo pero con el menor esfuerzo posible, aunque eso lleve a cargar sobre otros responsabilidades que le corresponden, a falsear datos o a aparentar la realización de unos esfuerzos que son solo eso, apariencia, como una caja de bombones sin nada dentro.

Cuando nos olvidamos del producto y del cliente y solo se piensa en los beneficios es cuando entramos de lleno en este antipatrón.

De hecho, para muchos, demasiados diría yo, que están en este negocio, el producto y el cliente son solo un mal necesario que hay que pasar para ganar dinero. El daño que le está haciendo este tipo de personas a este sector va a requerir mucho tiempo y muchos esfuerzo para intentar recuperar de nuevo un equilibrio y un prestigio que ha desaparecido.

Cuando se tiene una empresa se quiere ganar dinero con ella, ese no es el problema, sino la forma o el método empleado para conseguirlo, el cual si se aleja del producto y del cliente, salvo que tengas muy buenos contactos, podrá producir unos resultados razonables a corto plazo, tal vez a medio, pero nefastos a largo.

El beneficio debe ser el resultado de creer en el producto en que se desarrolla y en conseguir la satisfacción del cliente, ese beneficio atrae más beneficio. Otro tipo de prácticas, han devaluado nuestro sector, con precios basura que favorece precisamente a quien hace basura, lo que tenemos que preguntarnos es si queremos seguir desarrollando basura o queremos realmente hacer software de calidad y crecer con el mismo.

La orientación a la calidad del producto y a la satisfacción del cliente requiere en primer lugar una creencia firme en que los objetivos se consiguen a partir del cumplimiento sistemático de esa meta y en segundo lugar para romper las barreras de los precios basura hay que competir a través de un gran productividad de los equipos de proyecto (productividad no es igual a echar a más horas, productividad es ser eficiente) cuyo combustible sea personal con talento, implicado con la idea de la empresa, implicado con el producto, implicado con las satisfacción del cliente, motivado y con recursos de proceso, formativos, metodológicos y de arquitectura que permitan hacer más con menos.