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Archivos diarios: marzo 2, 2012

Este antipatrón trata sobre no tener en cuenta los límites que tiene una persona, tanto si es otro el que no lo hace como si eres tu mismo.

No somos infalibles, no lo somos, no podemos con todo, no podemos.

Podemos optimizar al máximo nuestro trabajo, ser muy productivos, minimizar nuestros errores, poner todo el empeño posible por intentar llevar todo para adelante, pero pasado un umbral la realidad nos dejará en nuestro sitio, ya que una vez superado ese momento se hace tan pronunciada que nuestra productividad cae (cansancio, frustración), nuestros errores aumentan y donde todo parece escaparse de nuestras manos.

Podría pensarse que el estado ideal es aquel en el que nos encontremos lo más cerca posible de ese límite, sin superarlo, pero tampoco es así. Realmente lo ideal es estar cerca de ese límite cuando realmente es necesario estarlo, cuando realmente podemos optimizar el beneficio (un atleta que quiere competir por ganar una maratón tiene que estar al límite de su capacidad el día de la prueba, probablemente si está al límite un entrenamiento tras otro, falle cuando realmente lo necesite).

Ritmo constante, alcanzando el límite cuando las circunstancias lo requieran, ese es el objetivo.

Cuando estamos desarrollando o manteniendo un producto es fundamental que todos los que participan en el proyecto lo conozcan. Esto puede parecer evidente, pero no lo es tanto en perfiles altos que tienen que repartir su tiempo entre más proyectos y no tienen en cuenta tanto el detalle como en perfiles que se encargan tareas muy concretas.

Pues bien, tanto en un caso como en otros es esencial conocer en profundidad en qué se está trabajando, tener tu mismo la sensación de utilizar el producto, probablemente coincidas en bastantes aspectos con el usuario y termines por comprender muchas de sus demandas.

Si para ti el producto no es agradable de utilizar no lo será para el usuario, si a ti te falla, también lo hará para el usuario.

En el caso de organizaciones orientadas al desarrollo y ventas de productos finales o de servicios sobre esos productos finales y los mismos pueden encajar perfectamente en su gestión interna, da muy mala imagen cuando se intentan vender y no los usas, ¿por qué me quieres vender algo que tu ignoras o desprecias?. A lo anterior se le suma la oportunidad de tener una experiencia de usuario interna que te ayude a reconocer mejor los puntos fuertes del producto y a corregir sus debilidades.

El beneficio viene a través del producto y de la satisfacción del usuario. El que se obtiene a espaldas de ambos es efímero, flor de un día y en lugar de dejar un campo sembrado dejas solo desierto.

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