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Archivos diarios: marzo 8, 2012

Hay conocidos antipatrones como son “los arquitectos juegan al golf“, “los arquitectos no programan” o “diseñar por diseñar” que tienen como elemento común una brecha entre el equipo de arquitectos (y analistas orgánicos) y los programadores y como elemento secundario, pero no menos importante, una brecha en la visión de los objetivos del proyecto entre unos y otros.

Esa falta de comunicación, de entendimiento, se traduce en problemas.

André Bensoussan tuvo ambos roles en su trabajo dentro del área de desarrollo del sistema operativo Multics y resume en una cita esta situación: “Por regla general, un programador dice, ‘sí, pero…’ mientras que un diseñador dice, ‘sí, y…'”.

Y probablemente ambos perfiles tengan razón, siendo lo realmente interesante y útil alcanzar una solución donde converjan las opiniones de unos y las de otros.

El que fuera CEO de Inter Craig Barret comentó poco tiempo después de asumir ese cargo que: “Vamos por una carretera a 150 millas por hora y sabemos que en algún lugar hay un muro de ladrillos, sin embargo lo peor que podemos hacer es parar demasiado pronto y dejar que alguien nos pueda adelantar”.

Para conseguir determinados objetivos hay que asumir riesgos, en ocasiones riesgos que pueden poner en juego la viabilidad de un proyecto o incluso de la viabilidad económica de una organización.

No siempre se está dispuesto a realizar esa apuesta, dar ese paso al frente, se vive bien en nuestra zona de seguridad y se tienen menos preocupaciones cuando los riesgos están controlados o su materialización produce unos daños asumibles y reparables.

Ahora bien, hay veces donde se te presentarán verdaderas oportunidades (en forma de posibles negocios, soluciones o productos), las cuales no están siempre están llamando a tu puerta y si la dejas pasar habrá otro que ocupe tu lugar, que te la arrebate, siempre habrá otro, no lo olvides.

Otras veces no será cuestión de oportunidad sino de supervivencia o se apuesta por una solución o por una estrategia concreta y ponemos nuestro máximo empeño por llevarla a cabo o veremos como la situación se convierte en irreversible.

En estos casos, quedarte quieto supone perder, tal vez asumiendo determinados riesgos perderás más si la cosa no sale bien, pero al final en una situación y en otra el resultado será el mismo.

Un antipatrón muy común es aquel en el que se pide a los demás que hagan esfuerzos y/o que eleven su estándar de trabajo y sin embargo, los mensajes que transmites con tu comportamiento (sean o no fundados) no muestran un compromiso personal con lo que estás pidiendo.

Si pides a los demás que sean más intensos en tu trabajo, también debes serlo tú, si pides a los demás que hagan un esfuerzo también debes hacerlo tú, cada uno dentro del ámbito de sus responsabilidades.

Cada vez tengo más claro que por encima de las condiciones laborales que te imponga una organización, por encima de cualquier presión que haya sobre un equipo de trabajo lo que mueve a dar ese paso de más cuando es necesario es como primer factor el compromiso personal de cada persona con el resto del equipo y como segundo factor el compromiso ante unos usuarios y ante un producto.

El compromiso se construye entre todos y con acciones que vayan a la par de las palabras, en esto no valen mensajes equivocados, ¿quieres compromiso? sé consecuente con lo que pides.